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La Luna de Ocaña

Creada para coronar su exposición La Primavera (abril y mayo de 1982), esta media luna de papel maché de casi tres metros (293 cm de punta a punta) colgaba del techo de la Capella de l’Antic Hospital de Barcelona, sobrevolando más de 200 obras, entre dibujos, acuarelas, óleos y otras esculturas.

La luna tenía un angelito de quita y pon sentado en su regazo que recuerda la imagen del Pierrot columpiándose en ella. Es sabido que Ocaña se identificaba con ambos, con el clown triste y con la luna, por eso no sorprende que la pintara con el maquillaje típico del payaso carablanca: las cejas arqueadas, los labios encarnados y unas lágrimas que, por ser de Ocaña, son de colores. Por cierto, el angelito ya no se conserva, como tantas otras figuras de papel maché de Ocaña.

La luna es un motivo recurrente en toda la obra de Ocaña, pero ésta en concreto (fechada en un moflete el 15-2-82) la volvemos a encontrar, casi idéntica, en un acrílico que Ocaña pinta un año después, pocos meses antes de morir, asomando por uno de los balcones que dan a la plaza Reial y con un gato encaramado a su regazo.

Esta luna, en resumen, se convierte en la imagen que representa a Ocaña. Por ejemplo, no sólo la usó para ilustrar los carteles de las siguientes exposiciones en Palma, Santander y Donostia (aunque no en todas se pudo mostrar la luna por su tamaño), sino que incluso estampó, con unas letras enormes, su icónica firma en una de sus caras.

Otros documentos gráficos de la luna son las fotos de Colita y el vídeo de Gaspar Fraga del traslado de las obras de La primavera, desde la plaza Reial y subiendo por la Rambla, en una especie de procesión de vírgenes y ángeles que encabezaba la luna. Y el cortometraje Expocaña 82, de Jesús Garay, que filmó la exposición como si se tratara del despegue de un cohete (en este caso, la Asunción de la Virgen) hacia la luna…

Tras la muerte de Ocaña, la luna sólo se ha visto en cuatro ocasiones: dando la bienvenida a la gente que entraba en la plaza Reial donde se celebraba una fiesta en su nombre (1984), fugazmente en la película de Comediants, Karnabal (1985), en una Marató de l’Espectacle eclipsando al Sol (1999) y en la exposición Beata Ocaña (2008), que recordaba el 25 aniversario de su muerte.

Texto por Pere Pedrals.