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Ramon Salas. Un auténtico en tiempo de disolución

Es tan difícil esbozar Ramon Salas con algunas palabras, él merece como mínimum mil páginas. Es uno de los seres más especiales que me ha presentado la vida. Su sensibilidad es como un tema de Shostakovich o como una novela rusa, dramática, profunda y sincera. Ramon es como un almacén de emociones donde  el pasado y el presente juegan un partido de tenis. Yo Dessislava suelo buscar mis preguntas y mis respuestas dentro del alma de mi entrevistado. Bienvenido en el mundo romántico de Ramon Salas, adelante.

Dessislava: ¿Quién es Ramon Salas? Si tuvieses que autodescribirte ¿cómo lo harías?

Ramon: Alguien que se reinventa siempre.

D.: Me gustaría hacer un recorrido por tu vida. Estudiaste Filosofía, ¿en qué año era esta etapa?

R.: No me acuerdo, tengo muy mala memoria (nos reímos). Con dieciocho años empecé, ahora tengo cuarenta y uno, haz cuentas. Las matemáticas tampoco son lo mío. Filosofía fue la carrera que hice por vocación aunque no la acabé por circunstancias de la vida. Pero creo que es una de las cosas que más me ha enseñado a manejar la vida. Me ha dado las bases para saber cómo funciona esta vida en todos los niveles, tanto en nivel laboral como en nivel personal.

D.: ¿Cuáles son tus referentes dentro de la rama? ¿Con qué escuelas filosóficas te sientes identificado?

R.: Bueno, hay grandes pensadores como Spinoza, Nietzsche y otros occidentales que me gustan mucho. También tengo mucho interés por la filosofía oriental. No es tan dogmática como la filosofía occidental pero es más cómo “vivir la vida”. La filosofía occidental se centra mucho en intentar explicar el mundo y esto es bastante complicado o absurdo porque la totalidad nunca la puedes captar y menos de nuestra realidad porque somos una parte intrínseca, implícita en ella.

D.: Eres multifacético. Estás a punto de estrenar tu marca que se llama Depelea. ¿Cuál es su concepto y cómo empezaste este proyecto?

R.: Depelea es una marca que nació hace dos años en colaboración entre Alberto Bassons y yo. Alberto es uno de mis mejores amigos y ahora también socio,  los dos veníamos del mundo de la moda. Yo había trabajado muchos años para una marca francesa.

D.: ¿Cómo se llama?

R.: Nature bijoux. Para la cual diseñaba y hacía toda la distribución en España y Portugal.

D.: ¿De qué años estamos hablando?

R.: Hace tres años que vendí esta empresa.

D.: Pero no estamos hablando de la empresa de tus padres.

R.: No. Ésta era la empresa francesa. Yo vengo de una familia de bisutería de toda la vida. Mis padres tenían tiendas de bisutería. De hecho fueron los primeros que montaron una tienda de bisutería en España. Solo de bisutería, porque antes la bisutería se vendía en las mercerías y en otros sitios,y mis padres fueron los primeros en montar  una tienda exclusivamente de bisutería. Al final tenían muchas tiendas y en el mundo de la bisutería éramos una de las más importantes que había, hasta que empezamos a hacer franquicias y a ampliar el negocio… y como que somos todos en mi familia más artistas que empresarios, nos arruinamos.

D.: Lo siento.

R.: Lo cual es una de las cosas que más me ha enseñado en la vida. Arruinarme. Mucho más que el éxito. Aunque te diré una cosa como decía Kipling: “ Cuando aprendas a tomarte el éxito y el fracaso como los mismos impostores, entonces serás un hombre ,hijo mío.” Porque creo que ni el éxito ni el fracaso tienen que ver con la valía o la desvalía de las personas. Va mucho más allá de esto.

D.: ¿Cómo se llamaba la marca de tus padres?

R.: Spleen. Spleen que viene del libro de Baudelaire Spleen de Paris.

D.: Los poetas malditos.

R.: Spleen es una sensación como de hastío, de decadencia y también  de oscuridad,  bajar a los infiernos un poco y de bohemia al mismo tiempo.

D.: Algo que tú sueles ser.

R.: Algo que suelo ser yo también, demasiado a veces (nos reímos). La verdad es que mi maduración va lenta, por desgracia y por suerte al mismo tiempo. Yo creo que como decía mi abuela: “Nunca dejes de ser un niño. Porque entonces es cuando serás un viejo.” Hay que tener la mente siempre abierta, hay que saber mirar con la mirada de un niño como decía Nietzsche. A veces hay que vaciarse de todo lo que hemos aprendido a nivel de valores, de muchas cosas, borrarlos porque la mayoría estaban equivocados y aprender a tener una visión, una mirada limpia y lo más importante que sea tuya, personal. Esto del bien y del mal también a veces es una cosa que creo que nos ha hecho mucho daño. Como la iglesia, que es la que  nos ha hecho más daño al género humano.

D.: ¿Eres ateo?

R.: Bueno, tampoco me considero un ateo pero sí que soy anti dogmas y anti iglesias. Creo que hay algo más o me gustaría pensar que hay algo más. He tenido un momento en mi vida complicado, muy complicado, como por ejemplo cuando murió mi madre y en estos momentos te das cuenta de que hay algo más en la vida. Si que he tenido algunas experiencias místicas.

D.: ¿Me puedes contar algo?

R.: No. Esto lo dejamos ahí.

D.: Volviendo a la bisutería. Tomando el concepto de Spleen relacionado con Baudelaire, la decadencia y la oscuridad, ¿la estética de las joyas tenía algo que ver con todo esto?

R.: No, nada que ver. Porque era una bisutería que comprábamos por todo el mundo. Teníamos las mejores marcas que hay, la mayoría son coloridas y es como un canto a la alegría. Y era como un concepto contradictorio muy interesante y enriquecedor al mismo tiempo.

D.: Y Depelea… ¿Qué es Depelea?

R.: Depelea nace como un sueño. Cerramos las tiendas, vendí la marca Nature bijoux y entonces decidimos montar esta empresa con Alberto. Depelea viene porque, yo antes viajaba mucho a Filipinas y vivía entre  Barcelona y Filipinas, allí había muchas peleas de gallos  lo cual a nivel estético me inspiró mucho aunque no esté de acuerdo con el maltrato a los animales. Entonces decidimos poner Depelea porque queríamos transmitir unos valores con el nombre. Los valores son de pelea por ti mismo. Kill your fear be yourself/Mata tus miedos sé tu mismo. Que viene ligado con lo que te decía antes de la mirada del niño, de aprender a ser uno mismo, de no tener miedos de ser tú y no volverte un clon de lo que dicen, de lo que tienes que hacer o tienes que pensar o como no tienes que actuar en la vida. De aquí viene la pelea por ti, pelea por tus valores. La estética sí que juega un poco con los gallos, sabiendo que eso puede llevar a confusión o  críticas. Pero como te decía antes, hacemos lo que nos gusta, aquello que nos parece que tenemos que hacer y lo que creemos que somos nosotros. Porque en el fondo también somos un poco gallitos de pelea.

D.: ¿Depelea es para hombres, para mujeres? ¿Para qué tipo de gente es Depelea?

R.: Depelea es una marca unisex, sale con este espíritu. También es una de los temas que queríamos tocar. Que no haya cosas de hombres y cosas de mujer, que esta línea no esté delimitada. Así como tampoco sacamos colecciones de primavera/verano, otoño/invierno. Sacamos colecciones cuando creemos que podemos sacarlas. Sacar una colección que la has hecho toda tú, que cada pieza está hecha por ti es un proceso largo y preferimos hacerlo así. Y sacar colecciones que estén bien acabadas o que tengan consistencia.

D.: ¿Cómo nace una pieza Depelea? ¿De dónde se alimenta la creatividad?

R.: Esta primera colección está inspirada de las bicicletas fixie como tú ya sabes yo soy un enamorado de las bicis. Me gustan mucho porque primeramente te mueves por la ciudad, haces deporte y no contaminas. Tienes otra visión de la ciudad, otro ritmo, es muy poética la bicicleta y es muy bonita. Entonces decidimos hacer la primera colección inspirados en esto y en el mundo que las rodea que es un mundo muy street, muy urbano que también nos identifica mucho y nos gusta mucho la moda de la calle. No la moda de pasarela sino la moda real, lo que hay en la calle, lo que se respira en la calle y de donde yo creo nacen muchas de las buenas cosas que ha habido en el mundo.

D.: ¿Qué es lo que más te apasiona en la vida?

R.: El arte. Yo creo que es de las pocas cosas que me llena y que me ha enseñado y me ha enriquecido en muchos niveles. La vida sin arte y sin estética no me la puedo imaginar.

D.: Aparte de las joyas también haces esculturas. Has hecho unas lámparas maravillosas que la propietaria de Ocaña acaba de comprar tres, si no me equivoco.

R.: Yo con veintitrés años tuve una época complicada en mi vida a raíz de la juventud y me tuve que apartar un tiempo de todo. Entonces conocí a un señor que me empezó a enseñar a hacer escultura y talla con madera. Básicamente he aprendido de forma autodidacta. Tampoco pretendo ser un escultor, hago escultura porque me gusta hacerla y porque creo que es una manera de enriquecerme. A veces el momento artístico y la creación los considero orgásmicos (y no me quiero nombrar artista). Y ayuda a irte de la realidad, que a veces es muy dura y muy cruda y te transporta a otro nivel, a otro estado. Por eso hago escultura porque la madera me apasiona, es un material vivo, que con el tiempo va cambiando y esto me gusta mucho.

D.: ¿Cuáles son tus sueños?

R.: Ser un hombre. Pero ser un hombre de verdad. Ser un hombre cabal, con valores, fuerte, sensible, acabar siendo un hombre completo.

D.: Tú lo eres.

R.: Bueno, estamos en el camino. A veces no es dónde quieres llegar, también es el proceso. El camino que te lleva a donde vas. Y creo que es más importante que el fin.

D.: Dentro del mundo del arte contemporáneo se dice que es más importante el proceso, la investigación, el camino que la pieza en sí misma.

R.: Estoy de acuerdo con esto. Me identifico mucho con esto también.

D.: ¿Qué lees?

R.: La verdad es que últimamente no leo nada. Ahora estoy un poco colapsado de trabajo. Tengo

varios trabajos. La verdad es que producir aquí en España ha sido bastante complicado y muy caro y muy largo y me he tenido que buscar la vida para poder sacar adelante mi sueño que es Depelea. Para esto he estado trabajando en Ocaña, tenemos un chiringuito en la playa, soy multitarea, soy como una navaja suiza. (nos reímos)

D.: Yo te conocí en Ocaña, empezamos trabajar en la misma época.

R.: La verdad es que cuando yo entré en Ocaña recuerdo que me acababa de vender esta empresa. Hacía unos once años que no trabajaba de noche. Yo he salido mucho y conozco la noche pero no trabajaba hacía muchos años y para mí al principio fue un choque. De ser un pequeño empresario y de estar viajando por todo el mundo, a verme otra vez en Barcelona, viviendo sin viajar y trabajando en un local de noche. Al principio fue chocante. Luego el resumen que hice después de esta época es que fue una época muy enriquecedora, conocí a gente muy interesante como tú. He hecho buenos amigos como tú y yo digo que de alguna manera me rejuveneció. Me volví a conectar con la juventud. Aparte Ocaña la siento como mi segunda casa.

D.: Vamos a hablar sobre el chiringuito en la playa, la Mala Vida. Un proyecto entre tú, Alberto y Franc. Cuéntame por favor…

R.: Mala Vida otra vez nació de un sueño. ¿De dónde mejor puede salir un proyecto que de un sueño? Conocimos este sitio, nos enamoramos de este chiringuito que es centenario, igual que Ocaña que sin hacer nada ya tiene toda la estética, es un sitio con alma. Y encontrar un sitio con alma es muy difícil. Franc es uno de mis mejores amigos y es un gran cocinero y decidimos que podíamos hacer una propuesta con paellas,  fideuás, ensaladas y comer delante de la playa. Un menú bastante inspirado en los de hace años sin muchas moderneces y muchas invenciones y en un marco, que es la playa de Badalona y este chiringuito que es algo increíble. Además lo mezclamos con disc jokeys, música en directo, hay toda una propuesta cultural alrededor y  siempre es enriquecedora. Viene gente muy interesante, yo no lo veo como un lugar donde vayas a comer una paella y ya está, es una experiencia de vida.

D.: ¿Tienes algún oasis urbano? Me refiero a algún sitio donde te guste ir y te siente bien…

R.: Yo soy muy de estar en casa. Soy muy casero y mi casa es como mi cueva, mi templo. Puedo ser una persona social y antisocial al mismo tiempo, es un poco contradictorio. Necesito ambas cosas. Necesito momentos de soledad y momentos de gente. Y no tiene que ser contradictorio porque todos tenemos esta dualidad.

D.: ¿Qué música te pones en casa?

R.: Soy muy tradicional para la música, me gusta mucho el flamenco, me gusta mucho la música cubana. También valoro la música más nueva, más electrónica, pero me gusta más la música con mensaje, con alma, con algo más.

D.: ¿Hay algún sitio en el mundo con el cual te sientas identificado?

R.: África. Para mí es la cuna de la civilización, he estado allí un par de veces y la verdad es que fue un amor a primer vista. Me enamoré perdidamente de África, estuve allí haciendo unas colecciones  a nivel más personal, no con ganas de hacer una marca. Me fui también a País Dogón porque soy un admirador de Miquel Barceló que sabía que había estado allí también inspirándose. La verdad es que conecté con la tierra, con todo. Es como de repente si estuvieras en la Edad Media, sin luz, sin agua corriente y te das cuenta quizás de lo importante de la vida.

D.: Aparte de Barceló ¿cuáles son tus referentes en el arte?

R.: Me gusta mucho Brâncuși, Picasso, hay muchísimos artistas que me gustan mucho. Pero tampoco me identifico con uno, quizás he conectado mucho con Barceló, con todo el arte africano pero tampoco tengo un único referente.

D.: ¿Qué te parece el local Ocaña?

R.: Para mí Ocaña es el mejor local de Barcelona y uno de los mejores locales del mundo. Es un sitio que estéticamente es increíble, es muy bonito y tiene algo especial. También el peso de  los años que tiene el local, se nota la solera, por decirlo de alguna manera. Y la gente que pasa por allí es muy interesante y siempre puedes conocer a personas inspiradoras.