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Juan Cruz Duran. El fotógrafo que captura la noche con pasión.

A Juan Cruz le conocí poco después de mi aterrizaje en Barcelona. Por primera vez le vi de noche. Me dio su tarjeta y me dijo que es fotógrafo. Luego nos cruzábamos por el barrio Gótico donde vivíamos en esta época. El siguiente paso era la apertura de Ocaña. Juan Cruz empezó visitar el local. Siempre me han dado alegría sus visitas. Hemos compartido momentos nocturnos, hemos conversado mucho. Cuando empecé el proyecto de las entrevistas Ocaña, tenía claro que él va a formar parte de los archivos contemporáneos de la ciudad de Barcelona que estoy construyendo. Bienvenidos a nuestra charla, yo Dessislava voy a ser la anfitriona. Adelante…

Dessislava: ¿Quién es Juan Cruz Duran? Si tuvieses que autodescribirte, ¿cómo lo harías?

Juan Cruz Duran: Soy un buscavidas. Siempre me he buscado la vida en lo que he hecho y con lo que hago… Joder… igualmente es una pregunta complicada, creo que es mejor que me describan los demás.

D.: Empezaste tu vida en Argentina. ¿Cómo viniste a Barcelona?

JC.D.: Vine de casualidad. Tenía un amigo que vivía en Barcelona desde hacía muchos años. Y cada vez que venía a Buenos Aires me decía: “Juan tienes que venirte, Barcelona te va a encantar, vente, vente”. Y hace unos catorce años vino un mes a Buenos Aires y estuvo trabajando conmigo porque también le gustaba la fotografía y me empezó otra vez decir: “Vente para Barcelona que te va a encantar”. En esa época yo tenia mi estudio montado en Buenos Aires pero las cosas estaban como el culo. Los clientes no pagaban, la situación del país estaba fatal, con mi socio no estábamos en un buen momento. La verdad es que yo necesitaba un cambio de aire, oxigenarme un poco, así que pensé, me voy de vacaciones un par de meses a conocer y a descansar. Me saque un billete y me vine. Una vez aquí me sentí muy cómodo con la ciudad y la gente, ya no me apetecía regresar. Y de eso ya pasaron 13 años.

D.: Ahora vamos a volver un poco más atrás. Tú eres fotógrafo. ¿Dónde estudiaste fotografía? ¿Cómo empezaste?

JC.D.: Desde pequeño siempre me gustó el arte. Dibujar, pintar, hacer esculturas. Cualquier cosa relacionada con eso. Creo que tenía cierta sensibilidad. Iba como el culo en el colegio, nunca me gustó, me llamaba más el lado artístico. Luego estudié dos años diseño gráfico. Luego entré en una escuela orientada al audiovisual donde me formé de director, realizador y productor integral de televisión. Pero el video tampoco me terminaba de convencer…

Hasta que un día pasó un colega por casa con una cámara para ver si me la podía dejar porque tenía que ir a no sé dónde y no se la podía llevar.

Antes de irse me dijo que la cámara tenía medio carrete y que si la quería utilizar no había ningún problema. En cuanto se fue pillé la cámara y sentí una cosa muy rara, me sentí muy cómodo. Era una Canon A1, no lo olvidaré nunca.

El primer disparo que hice fue sensacional!!! Sentir el peso de la cámara, mirar por el objetivo, enfocar esa imagen borrosa juntando el centro de la imagen partida, conseguir que la flecha del fotómetro quede en medio, componer, viendo como incidía la luz, las luces y las sombras… era increíble, era todo lo que había hecho hasta ese momento, pero junto.

D.: Todo lo que explicas es muy romántico…

JC.D.: Sobre mi mesa de dibujo monté un set con el paquete de tabaco y el cenicero e hice la primera foto.

D.: Naturaleza muerta…

JC.D.: Cuando vi la imagen revelada me encantó. Y así empecé.

D.: Empezaste con fotografía analógica pero ahora mismo trabajas mucho con digital y con mucha post producción.

JC.D.: En algunos casos sí. La verdad es que me gusta mucho retocar. Para mí es como pintar, como dibujar.

Me han dicho muchas veces que algunas de mis fotos parecen dibujos, pinturas. Me gusta mucho marcar los brillos, las sombras y dar una sensación de profundidad en la imagen. En algún caso me gusta que parezca que la imagen sale del papel o la pantalla. Al marcar los brillos y las sombras generas eso en la imagen y de una manera la imagen sale de lo que es la foto. También tengo que ir con cuidado porque no quiero perder la realidad de lo que he hecho. A nivel laboral, dependiendo del mercado, utilizo más o menos retoque. En España por ejemplo no se retoca tanto, en Estados Unidos es al revés.

D.: ¿Qué tipo de clientes tienes en Estados Unidos?

JC.D.: Básicamente hago mucha publicidad. He hecho fotos para la cerveza Coors Light, los cereales Cheerios, Verizon que es una compañía de comunicaciones, Crest dentífricos, diferentes cosas.

D.: También has trabajado para Playboy España.

JC.D.: Trabaje para Playboy antes de que cerraran la edición impresa. Era el fotógrafo que tenían en ese momento.

D.: Eres docente en IED (Instituto Europeo de Diseño), cuéntame un poco.

JC.D.: Lo del IED aunque te vas a reír era un poco como trabajo personal. Aunque no lo parezca, a mí me da mucha vergüenza estar delante de mucha gente. Me pongo nervioso. Y lo empecé un poco como terapia. El hecho de estar delante de un montón de gente que espera algo de ti, que te mira y espera que les cuentes algo… fue difícil al principio, pero me vino muy bien para ganar confianza y perder la vergüenza que tengo. Ahora cuando veo que los alumnos disfrutan y participan lo paso muy bien.

D.: Trabajas también con el lenguaje del video.

JC.D.: A veces, pero son más bien trabajos personales.

D.: ¿Qué te apasiona de la vida en general?

JC.D.: Me gusta mucho la noche.

D.: Yo he compartido bastantes fiestas contigo. (nos reímos)

JC.D.: Me apasiona la noche porque en la noche las cosas cambian.

D.: ¿En qué sentido? ¿Es más teatral la noche?

JC.D.: Obviamente hay mucho más teatro y mucho más disfraz que durante el día. Pero me he dado cuenta que de noche la gente se abre y es más como es realmente. Uno puede decir que la noche es una postura pero yo creo que esto depende de la hora que sea. En una determinada hora en la noche la gente vuelve para atrás y son como son realmente. Y eso es lo que me divierte. Aparte porque de noche pasan cosas que siempre me han alucinado.

D.: ¿Te acuerdas de algo concreto que te ha pasado?

JC.D.: No te lo puedo contar, cariño. Pero supongo que son cosas que les pasa a mucha gente. A mí también me gusta mucho salir solo por la noche. Cuando sales solo te encuentras con gente y  te obligas a interactuar más. Sales a tomar una cerveza solo y de repente te das cuenta de que son las siete de la mañana y estás en casa de alguien que no conocías y con gente que no tienes ni puñetera idea de quiénes son o acabas al día siguiente comiendo en casa de alguien. Eso es lo que tiene la noche, por el día no estamos tan predispuestos a que nos sucedan estas cosas. En cambio por la noche sí. Por la noche, ya sea por las drogas, el alcohol o lo que fuera, la gente se abre más, están más receptivos, conoces a mucha más gente.

D.: Yo creo que la velocidad de la noche es mucho más rápida que la del día.

JC.D.: Es otra velocidad, eso es cierto. Por lo menos la percepción. Pero bueno, eso es normal cuando uno se lo pasa bien. La noche pasa mucho más rápido que el día, seguro.

D.: Vamos a pasar del tema de la noche al tema del arte. Hablando contigo detrás de tu cabeza veo una obra de Miss Van. ¿Cuáles son tus referentes en el arte?

JC.D.: Sinceramente consumo arte por casualidad o porque hay una exposición puntual que me apetece ver. No veo arte por obligación. El hecho de ser fotógrafo no quiere decir que tenga que ver todas las expos ni que me tenga que gustar todo…Hay tanta cantidad de arte… y muchas cosas que veo me parecen una mierda, sinceramente, y sin embargo por ahí son obras de artistas muy famosos.

A mí una obra no me gusta porque sea de un artista consagrado. Para mí una obra tiene que aportarme algo, enseñarme, generarme envidia. Por eso, me da igual, cualquiera puede ser un referente para mi. Desde Velázquez (aunque suene a tópico) hasta el dibujo de mi sobrina.

D.: Hay un vitrina con muñecas en tu casa ¿cuál es su historia?

JC.D.: De pequeño cuando empecé a dibujar, miraba muchos cómics y copiaba los dibujos porque me encantaba el cuerpo humano y las mujeres por supuesto. Y uno de los mejores era Manara. Para mí es uno de los mejores dibujantes en cuanto a mujeres e historias.

Fue el que me motivaba a mí de pequeño.

D.: ¿Motivaba en qué sentido? (nos reímos)

JC.D.: Pues las primeras pajillas me las hacía con Manara. Supongo que como muchos.

Pero bueno, a lo que íbamos. Un día voy al bar de la esquina de mi casa y veo en una estantería de la barra que el dueño tiene varias muñequitas de Manara. Claro, me quedé alucinado porque nunca había visto a las chicas Manara así, en tres dimensiones. Cuestión que pillo a Paco (el dueño) y le cuento toda la historia. El hombre me dice que como se las habían regalado, no me podía dar ninguna. Pero bueno, yo insistía y cada vez que iba le decía algo. Hasta que un día me dice que me elija una, que me la regala. Yo súper feliz con mi chica Manara. A la semana siguiente viene y me regala otra. Y al de un mes, un día entro en el bar y sale de la cocina y me grita “don Juan, el martes se lleva las chicas”. Pensé que era coña, pero no, el martes siguiente fui y me regaló todo, me regaló la estantería con todas las chicas. Y me dijo: “En su casa van a estar mejor que acá”.

D.: ¿Qué tipo de cine consumes habitualmente y dónde lo haces?

JC.D.: Intento ir al Floridablanca o al Icaria. Por cuestión de ver la película en versión original. En Argentina siempre las películas están subtituladas y tengo la costumbre de ver la películas en idioma original.

D.: ¿Cuáles son tus referentes cinematográficos?

JC.D.: Hace poco vi Hotel Budapest que me pareció estupenda. La fotografía es preciosa.

D.: Wes Anderson también utiliza esta manera pintoresca de tratar la imagen.

JC.D.: Otro que me gusta es Gondry que está por sacar una película nueva. No es que Gondry a nivel de fotografía me vuelva loco pero cómo cuenta las historias y la locura que tiene en su cabeza me gusta mucho. En general me gusta el cine francés. Me gusta mucho la fotografía, es muy estético, muy bonito y me hace mucha gracia. Los personajes, las historias.

D.: ¿Hay un sitio donde te gusta esconderte? ¿O un punto de viaje que realizas con frecuencia?

JC.D.: Viajar me apetece a cualquier sitio. Cada uno tiene lo suyo. Hay sitios como la India, que me encanta como suena y toda la imagen que tengo sobre ella, pero no sé si me apetece mucho ir. Fotográficamente es muy atractivo pero no me llama. Creo que viajar es maravilloso de por sí. Vayas donde vayas. Sea un viaje grande como la India o ir aquí al lado, a Masnou, el hecho de moverse, de salir de lo que ves continuamente es como una limpieza visual. Estamos acostumbrados a movernos siempre en el mismo circuito, a hacer exactamente lo mismo. Entonces el hecho de moverse me parece maravilloso.

D.: He visto que tienes proyectos de fotografía relacionados con viajes. África, Cabo Verde.

JC.D.: Lo que te comentaba de la limpieza del ojo. Normalmente cuando viajo intento no hacer solamente las típicas fotos del sitio. Intento buscar un tema relacionado con el lugar. Me parece más divertido y una forma de formar parte del lugar. Hacer un poco un reportaje. De Cabo Verde tengo los pescadores por ejemplo. Me parece maravilloso cómo salen por la mañana con unas barquitas súper pequeñas en un mar súper heavy y las mujeres les esperan. También me pasó en Mallorca, hablé con el tío que le vendía el pescado a un amigo mío a ver si podía ir con ellos cuando salían a faenar, y al día siguiente estaba a las cuatro de la mañana en un barquito yéndome a no se cuántos kilómetros mar a dentro con un grupo de pescadores a disparar la pesca de arrastre.

D.: Y en nivel de fotografía ¿cuáles son tus referentes?

JC.D.: Ahora hay un montón. A mí realmente me gusta más la fotografía analógica por una cuestión de romanticismo. La textura, el hecho de que en la analógica tienes que estar muy seguro de lo que estás disparando, de preparar muy bien la imagen. Pero por otro lado, las ventajas de los avances, como por ejemplo los teléfonos con cámara y en general la fotografía digital, son que mucha gente, que en otro momento no hubiera hecho fotografía, ha sacado de adentro un ojo que nunca hubieran imaginado, ya que ser fotógrafo conllevaba estudiar y tener dinero para un buen equipo.

Por eso hoy en día hay tanta cantidad de fotógrafos. Está más al alcance de todos.

Y la verdad es que de tanta cantidad también hay gente muy, muy buena. Hay fotógrafos que son buenísimos pero no tienen ni idea de fotografía (luz). Son buenos en cómo preparar una imagen, son buenos con el ojo que tienen y cómo disparan. Y hay otros que son increíbles a nivel de técnica y de color.

D.: Hablando de fotografía con teléfono móvil tienes un proyecto que se titula Dreamers.

JC.D.: Es un poco de lo que hablábamos antes. De la limpieza del ojo y de movernos siempre por los mismos circuitos y zonas. De ahí nacieron los Dreamers.

D.: ¿Por qué exactamente ellos?

JC.D.: Empezó cuando vivía en el otro piso en la Plaza Medinaceli y veía gente durmiendo en la plaza todos los días. Los veía durmiendo a las doce de mediodía en medio de la plaza tapados con lo que podían pero con cara de felicidad. Y pensaba que da igual dónde estés y en qué momento pero cada uno cuando duerme está soñando. Aunque duermen en la calle ellos están soñando. Esta gente puede tener hambre, puede tener frío pero en el momento en el que están durmiendo están fuera de su realidad y sueñan. Y los veía con cara de felicidad. El primero que fotografié no tenía ni zapatos pero tenía cara de felicidad. Disparé una foto y así empezó este proyecto. Tengo una foto de un tío que está tirado completamente dormido a las dos de la tarde delante de la entrada del mercado de la Barceloneta. Literalmente en medio de la acera. Pero está soñando. Y el tío debería venir borracho, de fiesta y se cayó ahí y se quedó súper tranquilo durmiendo. Mientras, el mundo sigue a su alrededor.

D.: Hablando de sueños ¿tienes algún sueño repetitivo?

JC.D.: Que vuelo.

D.: Y si te hago pensar en la muerte ¿cómo te la imaginas?

JC.D.: Si tuviera que morir que sea volando, cayéndome en el aire.

D.: ¿Qué te parece el local Ocaña?

JC.D.: Ya sabes que a mí me gusta mucho. Siempre encuentro a gente conocida, que es muy bonito. Siempre digo lo mismo: no hay nada mejor que ir a un sitio y que te saluden el portero, las chicas en la puerta, porque de alguna manera te sientes como en casa. Y Ocaña es esto. Me gusta saludar a todos los chicos de seguridad, a los barman, los camareros. Me gusta que me conozcan y yo sé quiénes son. Y eso es lo bonito.

www.juancruzduran.com