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Entrevista a Alejandro Molina. La Tremenda entre los toros & un tebeo.

Continuamos nuestro viaje con una charla con Alejandro Molina. Pareja de Nazario hace muchos años, escultor, artista de la vida, performer y elemento principal del underground español. Yo, Dessislava soy la piloto de esta odisea. Start.

Dessislava: ¿Quién es Alejandro?

Alejandro Molina: Yo soy Alejandro Molina. Nací en Sevilla, vivo aquí en Barcelona desde que le conocí a él (se refiere a Nazario y le toca cariñosamente la pierna).

D.: ¿No vinisteis en la misma época?

A.: En la misma patera no (se ríe). Yo vine el año ´73 a hacer una película y estuve como cuatro meses. A Nazario le conocí en el año ´78.

D.: ¿Cómo os conocisteis Nazario y tú?

A.: Por medio de un tebeo que él sacó, era el único y primer tebeo underground. Se titulaba “Piraña divina“. A mí me llegó en Sevilla por medio de amigos hippies que me lo pasaron y yo les dije que lo quería mirar bien y ya no lo devolví. Me enamoré y me quedé con el tebeo porque estaba muy bien.

D.: ¿Entonces primero te enamoraste de la obra, no?

A.: Sí, a los años tenía un amigo que tenía otro amigo y me dice: ” Va a venir un amigo de mi amigo que se llama Nazario y vamos a hacer una fiesta. Y digo: “Ay, Nazario no será el dibujante” y dice: “no lo sé, se lo preguntaré”. Se lo preguntó a su amigo y dijo que sí, que era el dibujante y yo le dije: “Oye, invítame que yo quiero conocerlo.”

D.: ¿Era un amor a primera vista?

A.: Fue un amor de referencia. El mismo año también conocí a Ocaña.

D.: ¿Claro, lo conociste por Nazario, no?

A.: Conocí a Nazario, él se vino, yo no me vine. Me quedaban algunos exámenes por hacer. Era por San Antonio cuando nosotros tenemos la referencia, era 14 de Junio, por allí, cuando les detuvieron a ellos la policía en las fiestas de San Miguel.

D.: ¿Por qué les detuvieron?

A.: Por escandalizar al público, porque iban vestidas de flamencas por la calle.

D.: ¿Tú cómo viniste a vivir a la Plaza? A esta casa monísima.

A.: Estas casas estaban dejadas de la mano de Dios. Toda la burguesía que vivía aquí se había ido a vivir al ensanche. Entonces estas casas, que habían sido sus casas, mansiones, casas señoriales, se quedaron en el olvido y las tenían de alquileres de pensiones, de casas de putas. Eran pensiones donde vivían marroquís y argelinos.

D.: ¿ Alejandro, tú también eres artista, cuéntame un poco, qué es lo que haces?

A.: Artista de alambre, yo siempre digo artistilla, porque hay mucho artista.

D.: ¿Cual es la diferencia entre artista y artistilla?

A.: Pues no sé, cada uno que lo mire. Me preguntan: ¿tú eres artista? Y yo digo: sí, de alambre.

D.: ¿Qué estudiaste?

A.: Estudié Historia en la Universidad.

D.: ¿Historia del arte?

A.: Sí, historia del arte en la Universidad de Sevilla, no llegué a terminarla. Y he hecho muchas esculturas. El papel maché, desde que conocí al Ocaña y trabajé con él un poco, vi que era una materia mona y que se podía trabajar. Aunque cuesta mucho, pero conociéndolo ya podía hacer cosas.

D.: ¿El ángel que está en la puerta de vuestra casa es de Ocaña, no?

A.: Sí, es de Ocaña, lo hizo para la exposición de Sevilla.

D.: Acabamos de exponer en Ocaña una obra tuya – El Toro

A.: Sí, son obras que yo hago porque me gusta.

D.: ¿Trabajas sobre todo escultura?

A.: Sí, también pinto algo, pero menos. Lo que más me gusta es el volumen, porque lo voy haciendo, la materia la voy tocando, corrijo. Con lo que yo trabajo es con cartón piedra, que es muy difícil, porque no tiene molde, no es como el papel maché que echas la pasta en un molde, son trozos de cartulina o papel reciclado.

D.: ¿Haces todo a mano?

A.: Le voy dando un corte por aquí y otro por allá y entonces voy haciendo la forma que yo quiero.

D.: ¿Cuáles son los temas sobre los que trabajas?

A.: Me han gustado mucho los temas andaluces. El tema taurino, yo lo he vivido, yo he nacido al lado de la Plaza de Toros de Sevilla.

D.: ¿Y la pieza que vi en tu casa con un torero muerto?

A.: Esto es un San Sebastián, es un torero que está enganchado en un burladero y tiene las banderillas clavadas en el pecho como si fueran las flechas de un San Sebastián. Pues yo me hice una especie de San Sebastián.

D.: ¿Ocaña te puso de sobrenombre La Tremenda, verdad?

A.: Sí, pero no lo empleaba mucho. No me conoce la gente por este nombre, eso era un nombre como familiar, como de casa. Lo mismo que en Sevilla Manolo M. me decía La Trípode.

D.: ¿La Trípode? ¿Por qué?

A.: Por la polla grande (se ríe), los maricones tienen mucha fantasía.

D.: ¿Y cómo eran las fantasías de las fiestas?

A.: Las fiestas eran para divertirse como hemos hecho siempre todos. Me imagino que la gente de ahora también, lo que pasa es que nosotros antes teníamos que sacar la esencia del divertimiento, porque no había color… No te proporcionaban lo de divertirse, sino que teníamos que ser nosotros los que teníamos que divertirnos. Al mismo tiempo, si queríamos hacer algo, como un trabajo en conjunto, pues nos poníamos de acuerdo tres o cuatro, unos para dibujar en comuna para hacer un cómic y otros para hacer obra. Entre todos se colaboraba. Lo mismo que en la historia de Comediants que pasó en aquellos tiempos. Esta gente…, pues todos colaboraban para hacer lo que ellos sentían. Unos para hacer su teatro. Otros para hacer su comedia, otros para hacer espectáculo con fuegos artificiales y todos juntos daban una imagen divina. Tú veías esto en la calle y te arrastraba, te atraía.

D.: ¿Y qué imágenes aportabas tú, te acuerdas de alguna fiesta temática?

A.: Yo era la imagen.

D.: ¿Cómo recuerdas a Ocaña, cómo era él?

A.: Era un tío de estos que yo digo para aquellos tiempos creativo, atrevido para hacer lo que quería hacer, atrevido para decir a la gente lo que sentía. Él nos daba un paso, un pie a lo que nosotros no veíamos y veíamos lo que él había hecho: aquél Retrato Intermitente que era como una locura. Pero al mismo tiempo él decía lo que sentía y esto llegó a una onda de gente de aquí que se vio como muy liberada. Liberada en su parte, en su forma de ver que él también sentía algo así.

D.: ¿Entonces podemos decir que la película ha ayudado con el tema?

A.: Sí, yo creo que sí…a mucha gente que era mariquita de pueblo, a gente que no se ha atrevido nunca a decir lo que sentía, porque era fuera de lo normal.

D.: ¿Ocaña personaje o Ocaña artista?

A.: Ocaña era tan artista como personaje, su personaje era arte. Y después lo que él decía lo acompañaba. Su forma de ser, era como una campanilla de alegría, por donde iba se volvía loca la gente. Iba a la Boquería y decía piropos a los muchachos de allí de los puestos y ellos nada más entrar le decían: “Ocaña ven, mira que pepinos”, sabes así con todo el puesto lleno de pepinos, y Ocaña les contestaba: “Seguro que están como tu polla”. La picardía que tenía y lo que decía a los tíos les gustaba mucho a las mujeres también. Cuando les enseñábamos el culo, porque yo también he ido al mercado con traje de novia y con culo al aire… y me regalaron hasta una langosta! y me la ponía al hombro, en la cabeza…

D.: Todo lo que me cuentas es una especie de performance.

A.: Sí, lo que hoy en día llaman performance nosotros lo hacíamos de manera espontánea.

D.: ¿Era vuestra vida?

A.: Era como nos gustaba vivir. Teníamos disfraces y trajes: de brasileña o trajes de teatro y te lo colocabas el día que se te cruzaban los cables. O me decía Ocaña: Nena, vamos a ponernos monas y nos vamos a la calle. Y lo primero que hacíamos era irnos a por una botella de aguardiente en una bodega que había allí donde está la Plaza del Tripi. Comprábamos medio litro de aguardiente y le echábamos medio litro de agua.

D.: ¿Pero Ocaña no bebía, no?

A.: Se tomaba una copita, pero no era borracho, nosotros éramos bebedores y él no necesitaba, lo mismo que tampoco necesitaba drogarse. Él decía siempre: “Yo estoy drogado desde que mi madre me echó por el coño”.

D.: ¿Frecuentas el local Ocaña, qué te parece este lugar?

A.: A él le hubiera encantado.

D.: ¿Eso crees?

A.: Las bombillas de la puerta.

D.: Porque esto es muy teatral.

A.: Es como de fiesta de tómbola, fiesta popular, llaman la atención. Es lo que a él siempre le ha gustado. Uno de sus hermanos me comentó: Ay, a mí no me gusta que el nombre de mi hermano esté escrito con bombillitas como que si fuera una tómbola. Digo: “pues seguro que a tu hermano le hubiera encantado ver en la Plaza Real un bar con su nombre, dedicado a él y con su nombre con bombillas así encendidas.