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Relato China. Capítulo seis. Eduardo Arranz-Bravo

Conocí a Eduardo Arranz-Bravo en la inauguración de su exposición en Shanghai, en la Galería Matthew Liu. Había  gente de todo tipo. A Eduardo le faltaba solo un día para volver a Barcelona. Pero le pude convencer para que me dedicara un momento dentro de su agenda apretada. Al día siguiente nos encontramos en Hyatt, donde estaba alojado. Muy cerca del  área del Bund, que me confió que le encanta. La despedida que hicimos fue muy bonita, porque paseamos juntos por la zona mencionada. Adelante  nuestra charla…

Dessislava: ¿Quién es Eduardo Arranz-Bravo? Si tuvieses que autodescribirte ¿qué dirías sobre ti mismo?

Eduardo: Bueno, trato de ser un pintor. Trato de ser un ser humano. Trato de divertirme con mi trabajo y trato de decir la verdad. De ser auténtico.

D.: Estudiaste Pintura en Sant Jordi, La Facultad de Bellas Artes, Universidad de Barcelona…

E.: Cinco años que me sirvieron para hacer grandes amistades y para nada más. Porque la enseñanza que tenían era de un tipo que no era precisamente apasionante. Pero yo creo que incluso los malos profesores y las malas experiencias ayudan mucho al artista, si es fuerte, a hacer todo lo contrario de lo que te enseñan.

D.: ¿Con qué edad empezaste a pintar?

E.: De muy pequeño. Con nueve años ya estaba todo el día trabajando. Era un escándalo este niño repelente que no paraba de dibujar, de dibujar y de dibujar. Estaba, creo, predestinado a ser artista. No me forzó nadie. Era yo que estaba todo el día con un lápiz, pincel o algo.

D.: ¿Qué dibujabas entonces?

E.: De todo. Hacía retratos. Y ya pintaba al oleo. ¡Imagínate tú! Los niños estos extraños que estaban todo el día pintando.

D.: ¿Luego?

E.: Seguí trabajando y trabajando y al final con dieciocho años entré en Bellas Artes. Luego me casé muy joven, con veintidós años. Me fui al servicio militar, que entonces lo hacía todo el mundo a pesar de que estaba casado y con hijos. Y luego ya empecé con los veinticuatro años de una forma muy profesional a entrar en la Sala Gaspar. Una galería muy importante de Barcelona que tenía Picasso, Miró. Y eso me dio un aire profesional y un cierto dinero para lanzar mi carrera como pintor y no hacer nada más. Nunca he hecho nada más. Quiero decir que nunca he tenido otro trabajo complementario, como profesor por ejemplo. Me he dedicado toda la vida exclusivamente a jugar con la pintura.

D.: En el año 61 tuviste una exposición importante que se titulaba “15 paintings by Arranz”.

E.: Con diecinueve años, sí.

D.: ¿Fue la primera?

E.: Sí. Y a partir de entonces no he parado.

D.: Me imagino que en esta época tu mercado fue España.

E.: Claro, al principio fue España. De una forma muy lánguida como te puedes imaginar. Mucha miseria y a aguantar. Luego, mucho más tarde, empecé con las exposiciones en el extranjero. En los setenta ya empezaba a hacer exposiciones en Suecia, en Alemania, etc.

D.: En São Paulo…

E.: El Museo de Arte Moderno de San Pablo es de los más importantes de Sudamérica. Arriba está el MoMA en Nueva York y abajo está el Museo de San Pablo. Pero esto ya fue muy posterior, en el año 89. Una gran exposición, sí, que pasó al revés. Luego la trajeron a España, en el Palau Robert, donde se hacían exposiciones de Miró y Clavé. Pero ya se ha acabado, ya no hacen exposiciones. Luego he tenido exposiciones en Barcelona que eran muy insólitas y muy bonitas que ahora son irrepetibles.

D.: ¿Cuáles son tus referentes en el arte?

E.: Todos los pintores buenos y todos los pintores malos. Los buenos para saber cómo es un camino bonito y los malos para saber lo que no tengo que hacer.

D.: ¿Unos nombres?

E.: No te voy a dar ningún nombre. Esto es interminable. Empezaríamos desde Egipto a lo que quieras. Todo me impresionó. De cosas buenas hay toneladas.

D.: Tú has hecho un cambio desde la pintura figurativa hacia  la abstracta.

E.: Al principio era una pintura mucho más inocente. Estaba recién casadito y los niños por allí. Era una pintura más tierna. Y como que he cambiado siempre lo que he tenido alrededor. La vida va cambiando y tú vas cambiando como hombre y como pintor. Voy evolucionando sin obsesiones de estilo. Yo pinto una realidad paralela a la realidad.

D.: ¿Cuáles son tus temas actuales?

E.: Yo no tengo ningún tema.

D.: ¿Cómo empiezas a pintar?

E.: Me tiro al cuadro como uno se tira a una piscina. Es el cuadro el que me dice lo que tengo que hacer, no yo. No tengo un tema previo. Yo tengo un diálogo. Yo escucho y el cuadro me va diciendo cosas. “Este rojo no es bonito, cambia este rojo” y yo lo escucho. “Este negro tiene que ser más potente” y yo escucho. Los cambios más sutiles que el cuadro me va indicando. Y llega un momento cuando el cuadro me dice: “No me toques más, ya estoy acabado”. O a veces me dice: “No, no acabo de ver esto acabado, espérate unos días” o un mes o unos meses…Porque se ha roto la comunicación y hay que esperar a establecer otra vez el diálogo.

D.: ¿Te dice otras cosas el cuadro?

E.: Es un diálogo, digamos visual. Mi trabajo es visual. No es literario. Hay pintores que son más literarios. Y a mí no me gustan ni los títulos. O sea que los pongo por obligación.

D.: Por catalogarlos.

E.: Claro, para catalogarlos, sino sería un lío. Y para mi asistente también, que tiene que tener los datos.

D.: Hablando de catálogos. Vamos a tocar el tema del mercado del arte porque estamos en China.

E.: El cupo de vanidad a los treinta años ya lo tenía vacunado. Lo digo como una realidad. He hecho Londres, Paris, Viena, he hecho todas las ciudades alemanas importantes, que son muchas. He hecho todas las ciudades españolas: Sevilla, La Coruña, Madrid, Barcelona, Valencia Bilbao… ¿qué ciudad no he hecho? He hecho Estados Unidos muy fuerte durante veinticinco años de exposiciones, con catálogo todas. Realmente he trotado. He ido y estoy teniendo siempre nuevas experiencias.

D.: ¿Y tu experiencia en China? Tienes ahora tu exposición en la ciudad de Shanghai.

E.: Muy positiva. Me ha gustado mucho. Es mi primer experiencia en Asia. Luis (el ayudante de Eduardo) está haciendo las cosas en Asia. La próxima exposición será en Japón. Yo no organizo las cosas. He tenido la suerte de que puedo esperar a que llegue gente que me propone cosas. Nunca he propuesto nada. No he vendido ni un cuadro en mi vida. Nunca. Me han comprado cuadros. Parece lo mismo pero no es lo mismo. Nunca he cogido un teléfono para vender un cuadro, lo cual es una gran suerte. No he tenido la desgracia de tener que limosnear. Y esto ha sido una suerte desde que tenía veinticuatro años. Y basta que no vayas como un perro faldero persiguiendo cosas para que las cosas te lleguen. Así es la vida, sadomasoquista evidentemente. Y aquellos que se desesperan por tener un contrato o una exposición…, pues no lo consiguen. Se les ve el plumero.

D.: ¿Cómo respiras la ciudad de Shanghai?

E.: Respiro fantástico. Me ha encantado. Me ha encantado la vitalidad que tiene. Toda la energía que tiene. Yo soy un hombre energético. He comunicado con la ciudad. Estuve inaugurando hace poco en Moscú y no me gustó nada. ¿Qué más quieres que te diga? No era mi ciudad. Nueva York me gusta mucho, San Francisco me gusta mucho, Moscú no me gustó para nada. Shanghai me ha encantado. Estoy feliz. Me ha encantado la energía que tiene la gente.

D.: ¿Y Barcelona?

E.: Yo me levanto a las cinco de la mañana a pintar. No sé nada más. La ciudad ha dejado de existir culturalmente.

D.: ¿Dónde está tu estudio?

E.: En Vallvidrera, allí en la colina. Es un estudio muy grande que ha hecho Jordi Garcés y que ha ganado un FAD. Es muy bonito, con una gran cúpula.

D.: La pintura es el lenguaje dentro del arte que se ve que nunca muere.

E.: Porque es una necesidad. ¿Por qué aquel hombre muerto de frío y de hambre tuvo necesidad de pintar? Yo creo que es una necesidad ligada al ser humano. El ser humano necesita una imagen de protección, digamos con toda la estupidez. Y eso es muy bonito.

D.: Yo te conocí en la inauguración que tuviste en la Galería Matthew Liu. Es una de las mejores galerías de Shanghai. Antes de tu exposición hubo una de Candida Höfer. Ella es una de las fotógrafas que más cotiza en el mercado de arte hoy en día. ¿Vinieron a comprar tus cuadros?

E.: Sí. Funcionó muy bien.

D.: ¿Tienes vínculo con el mundo del cine?

E.: Yo he hecho dirección artística en cuatro, cinco películas. Me gusta mucho el cine.

D.: ¿Con qué directores has trabajado?

E.: Sobre todo he trabajado con Jaime Camino. Ha hecho una película con Vittorio Gassman que fue muy divertida de hacer, por Vittorio Gassman sobre todo. Es bonito hacer dirección artística en el cine. A veces tienes que esperar. No volvería hacerlo. Es una etapa de mi vida que fue divertida. Me dieron un premio de la Generalitat a mejor dirección artística para una película sobre Las Meninas de Velázquez.

D.: Hablando de la Generalitat, Colita hace unos meses rechazó el premio de fotografía.

E.: Sí, y lo ha hecho muy bien. Es amiga mía. Ha salido la noticia solo en los periódicos de Barcelona. Lo que han hecho los últimos gobiernos de España ha sido desastroso con la cultura. Y los países que no tienen cultura no existen. A ver si se enteran. Por lo menos lo he dicho. La política cultural española  ha sido desastrosa con los socialistas, con PP y con “pipi”…, con todos, un puro desastre. Y claro, rebajar la cultura, que siempre es lánguida, es muy cruel. Estos países que no tienen cultura dejan de existir. Evidentemente la economía me parece primordial porque la gente no se puede morir de hambre. Pero no olvidar nunca la cultura porque sino el país no existe. Queda difuminado. Queda perdido.

D.: ¿Dónde consumes arte en Barcelona?

E.: Casi no veo arte en Barcelona. Y no tengo ni galería. En un mes he inaugurado en cuatro ciudades del mundo y no tengo nada en mi ciudad. En este momento tengo exposiciones en Nueva York, en San Francisco, en Moscú y en Shanghai. Cuatro sitios del mundo bien dispares uno de otro y en mi ciudad no tengo nada. Afortunadamente tengo mi fundación que la está llevando con gran cariño Albert Mercadé, mi director. Promocionando artistas jóvenes y haciendo lo que puede. Y ya es un punto de referencia. Hacemos muchas exposiciones, trabajamos mucho. Con dos duros sacamos milagros. Y ha caído simpática por esta dedicación que hacemos al arte muy joven. Hacemos catálogos a chicos que no se comían ni una rosca. Luego si ellos se empeñan o no es otro asunto. Pero que un chaval joven tenga un buen catálogo es un punto de apoyo que ninguna galería de Barcelona se lo va a dar. ¡Ninguna!

D.: ¿Tus referentes en la literatura?

E.: Yo leo cada día. Estoy releyendo más que leyendo. Releyendo muy a gusto los clásicos. Escucho música cada día también. Pero nunca las cosas mezcladas. Me gusta desde el rock más rotundo hasta  Bach. Me encanta Bach. A mí me parece patético pintores que se ponen música de fondo para pintar. Esto es imposible. Cuando pintas tienes que pintar. Cuando escuchas música tienes que escuchar música. Sobre todo si tienes categoría. No puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo.