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La Txina. Una mujer guerrera que no necesita compás para escoger la dirección correcta.

La Txina es una de estas caras en Barcelona que no hay manera de no recordar. Es una mujer con mucha presencia y carácter.  Yo Dessislava no puedo citar el momento en que la vi por primera vez, seguramente en alguna fiesta, pero ella pertenece de este tipo de mujeres que tanto me gusta. Es independiente, fuerte, una dama de retos y sin miedo de vivir la vida. Señoras y señores os presento La Txina.

Dessislava: ¿Quién es La Txina? Si tuvieses que autodescribirte ¿cómo lo harías?

La Txina: ¡Qué difícil! Primero te cuento por qué La Txina.

D.: Exacto, por qué La Txina es tu sobrenombre.

T: La Txina se ha convertido en mi nombre. De hecho yo siempre digo que cuando la gente te pregunta ¿cómo te llamas? yo contesto que me llamo La Txina. Yo llego a un sitio y digo : Hola, soy Txina. Y eso hace ya muchos años, mi nombre real se ha difuminado.

D.: Tu nombre real es Mónika Frías

T.: Es Mónika Frías. Ahora lo he vuelto a recuperar profesionalmente porque es más suave. El de Txina es un poco punky y ahora a nivel de trabajo me he ido por un ámbito más suave, ahora te cuento. La Txina es porque mi madre tiene un look muy oriental y yo soy igual a ella. Como dicen los dominicanos: “Mi madre me cagó, no me parió”. Entonces cuando ella era pequeña le decían La Chinita porque tenía una cara muy oriental. Para mí que mi abuela metió la pata porque es la única china de sus hermanas (nos reímos). Entonces a mí de pequeña ya me llamaban chinita. Y un día una amiga se enteró de que en mi casa me decían chinita y empezó a llamarme china, chinita, chino etc… mis hermanos son los chinos, yo soy la china y todos somos chinos. Y hace unos veinte años que soy La Txina, lo de la Tx es por los vascos, me encanta la Tx para pronunciar Ch.

D.: ¿Y quién es La Txina?

T.: La Txina es una loca.

D.: Si no estuvieras loca no hubieses entrado en mi casting de entrevistados.

T.: Soy una persona en constante búsqueda de cosas nuevas y de encontrar algo que me llene. Yo me reinvento a cada rato y en esta faceta de la vida soy videografa pero he sido de todo, he sido hasta paleta. (Nos reímos).

D.: Entonces vamos a empezar desde el inicio: ¿de dónde eres?

T.: Yo soy de República Dominicana.

D.: ¿Cómo decidiste venir a Barcelona? ¿Tuviste paradas por el camino o era directo?

T.: Pasé por Nueva York primero.

D.: Buen paso.

T.: Estuve allí dos años. Luego me fui a Santo Domingo otra vez y dije ¿qué hago aquí? Siempre he dicho que yo no debía haber nacido allí, aunque estoy orgullosa de ser dominicana, me encanta mi lado latino, me encanta mi culazo, el color de mi piel, todo. Y me encanta también haber nacido allí porque por eso soy quien soy, pero es un país donde me aburro y siempre supe que quería salir de allí.

D.: ¿Estudiaste en la universidad allí?

T.: En la República Dominicana hay una escuela de arte que se llama Altos de Chavón que es afiliada a Parsons de Nueva York. Hicieron una escuela donde haces los primeros dos años y luego si quieres terminar tu carrera, la terminas en Nueva York.

D.: Y tú terminaste tu carrera en Nueva York

T.: No la terminé porque Nueva York es muy difícil. Yo amo y odio Nueva York porque lo pasé muy mal. No tenía ni un duro y Nueva York es una ciudad muy dura. La amo porque viví muchas cosas allí, forma parte de mi vida y no me arrepiento de nada de lo que he hecho, pero lo pasé realmente mal. Pasé hambre, pasé de todo.

D.: ¿Cuánto tiempo te quedaste en Nueva York?

T.: Casi dos años. Y al final salí corriendo, no terminé la carrera porque no aguantaba más, me iba a morir.

D.: ¿Qué paso después de Nueva York?

T.: Después volví a Santo Domingo, tuve que ir a casa de mi madre y allí con diecinueve años me casé.

D.: ¡Wow!

T.: Me casé porque a los diecinueve años cuando un novio te pide que te cases, dices que sí. Y a los seis meses me di cuenta de que no, eso no era lo mío.

D.: ¿Era de Santo Domingo?

T.: Sí, era de allí, era dominicano. Era un chico que también había estudiado en Nueva York. A mí los dominicanos casi nunca me gustaron porque me parecían hombres cerrados, machistas y yo no iba a pasar por ahí. Y este chico me parecía cosmopolita, había vivido fuera, era diseñador también, era mayor que yo, a mí siempre me han gustado los hombres mayores.

D.: A mí también.

T.: Y me enamoré de este chico, me enamoré entre comillas, porque por aquél entonces qué coño sabía yo qué es el amor. Entonces claro, me casé, me vi en una casa lavando, planchando, el tío llegaba, yo le hacía la comida, eructaba y se iba. Y después de los seis meses y de haber hecho un bodorrio vestida blanco, con pajes, con todo, dije que no podía más. Me daba mucha cosa por mi familia, por mi madre, por mi padre. Pero llamé a mi madre y le dije: “no aguanto más”. Era un chico adicto a la heroína, tuve muchos problemas y sufrí mucho. Al final, a los seis meses salí corriendo, dejé todo lo que había en esa casa y me fui otra vez a casa de mi madre. Pero claro no aguanté mucho. Y entones un día viendo un partido del Barça (soy muy, muy, muy culé desde hace muchos años) dije: “Yo me voy a Barcelona”. Y busqué la forma. Para los dominicanos es muy difícil venir aquí, era una movida. Entonces decidí estudiar fotografía aquí, que es algo que me gusta mucho. Me inscribí en una escuela y vine como estudiante a Barcelona.

D.: ¿Cuál es la escuela?

T.: IEFC, Institut d´Estudis Fotogràfics de Catalunya, una escuela maravillosa que tampoco terminé. Siempre fui muy buena estudiante pero cuando estudiaba en esta escuela trabajaba de noche… y soy muy fiestera también. Y claro, salía de currar toda loca, me iba de after, volvía a casa a las seis de la mañana, dormía hasta las doce porque tenía clase y no tenía horas de luz para hacer mis deberes. No me estaba yendo bien. Un día llamé a mi padre y le dije que no podía más, me dijo: “Oye que tú ya estudiaste y si no puedes, ¡no puedes!”. No volví más.

D.: ¿En qué local nocturno trabajaste en Barcelona?

T.: En todos. Pasé de ser camarera de copas a ser coctelera. Me gustaba más, la coctelería es más bonita.

D.: Pero también es un mundo muy machista.

F.: Es un mundo muy machista pero yo soy muy macho y siempre he tenido mucha presencia en la barra, me respetaban mucho y a mí me gustaba esa posición de un poco de poder. Cuando llegué a Barcelona tuve la suerte de llegar y caer en el Sidecar, donde me acogieron como una familia, me acuerdo de esa época y fue súper bonita, todavía conservo muchos amigos de allí y me la pasé bomba trabajando allí. Luego trabajé en el City, en el Moshima, en el Club 13…

D.: ¿Cuánto tiempo duró la aventura con la noche?

T.: Unos cuatro, cinco años.

D.: ¿Cómo saliste de allí?

T.: Hecha polvo (nos reímos).

D.: Ahora tienes muy buen aspecto, te has recuperado.

T.: Me he recuperado, sí. Pero salí con ojeras y todo, lo único que me gustaba era que estaba súper delgada.

D.: Conmigo pasa el efecto inverso, he subido justo diez kilos.

T.: Pues yo perdí, estaba divina, lo que pasa que la cara no era tan divina, no. Y la verdad es que me quitó diez años de vida. Trabajar de noche me quitó mucha vitalidad, yo era mucho más vital, más activa, a mí me gustaba estar de día. Ahora si me dejas duermo hasta las dos de la tarde. Si pudiese, dormiría hasta las dos de la tarde todos los días. Y hoy que hemos quedado por la mañana para mi es madrugar. De la noche me saco el señor Yago Mariño, que es todo para mí.

D.: ¿Cómo conociste el Yago (que es amigo en común)?

T.: Yago y yo teníamos una amiga en común, que es una loca a la que quiero muchísimo y que se llama Mette. Es una sueca divina que trabajaba conmigo en el Sidecar. Y a Yago le conocí de noche, salíamos con frecuencia. Una noche salimos y le dije que esa noche iba a ser su socia, que yo me encargaba de todo. Lo acompañé en taxi a la puerta de su casa y a partir de ahí comenzamos una amistad. Yo trabajaba en un bar hermoso que recomiendo a todo el mundo que se llama El Ascensor.

D.: Lo conozco, me encanta.

T.: Y Yago venía a menudo a visitarme. Hablábamos y yo le contaba que había trabajado en cine en Santo Domingo. Realmente mi gran pasión de todas es la decoración en cine, en publicidad, etc.

D.: ¿Dirección de arte?

T.: Sí, dirección de arte. Yo vine a Barcelona con el dinero que hice en una película que terminé en Santo Domingo antes de venir, me pagaban en dólares y por eso pude reunir dinero, porque venir con pesos es imposible, no terminas de ahorrar nunca. Recuerdo que ahorré dos mil dólares, ni siquiera eran euros. Y me vine aquí con mil y pico euros y ya está, con dos cojones. Y hablando con Yago le decía: “tío necesito un chute de esto”. Ya me empezaba deprimir, de hecho yo vine a Barcelona buscando trabajo de lo mío y crecer, y veía que se me pasaban los años haciendo de camarera. Y un día Yago me dijo de ir a currar un día con él, así de sencillo. Me fui a trabajar con él de asistente, al principio sólo le pasaba las cosas, pero él tuvo mucha fe en mi. Y después empezamos a currar juntos. Él me llamó para un proyecto que tenía que era el making off de la película Chico y Rita. Necesitaba ayudante y me dijo: “Mira, si vienes, aprendes, yo te voy enseñando.” Yago me ha dado la profesión que tengo ahora. Me enseñó desde el día uno, desde cero. Me enseñó a mirar la luz, a editar, a escoger la música, a escuchar, a ser paciente, a tratar con clientes, a callarme la boca y hasta me ha enseñado a respetar, es muy importante en mi vida.

D.: ¿Cuántos años hace que empezaste con él?

T.: Con Yago hace cuatro, cinco años.

D.: Ahora acabas de empezar una nueva etapa, la etapa de Monika Frías.

T.: Monika Frías como una marca.

D.: Cuentas historias de amor.

T.: Sí. Yo hago vídeos de boda, de nacimientos, de familia, de lifestyle. Ha sido toda una puerta nueva porque tanto para mí como para la mayoría de la peña los vídeos de boda son un puto coñazo.

D.: Sí, de acuerdo. Pero vi algunos de los tuyos y son diferentes, elegantes y llevan tu propio sello.

T.: Un día estaba en una de estas surfeadas que se pega uno en internet y descubrí fotógrafos de bodas maravillosos, entre ellos Daniel Alonso de PEOPLE PRODUCCIONES que es muy, muy bueno, y a través de él a Roberto Ramos, que es catalán. Empecé a ver sus fotos y dije: ¿puede ser que haya una fotografía de boda tan chula? Que no sea pastelosa, que no sea esta mierda que yo había visto toda mi vida. No te imaginas los fotones que hace ese pavo, yo soy muy fan. Y me metí por allí y empecé a ver lo que se está haciendo ahora. Me quedé flipada.

D.: Y aparte de todo tú tienes una imagen muy gamberra.

T.: Exactamente, pero por lo que vi, me di cuenta de que me gustaría hacer eso. Me cansé un poco del mundo corporativo, de fechas de entrega, de estrés, de horarios…y quería un cambio en mi vida. Poder manejar mejor mi tiempo.

D.: ¿Cómo la gente de este círculo, que está bastante lejano al ámbito de donde vienes, empezó a conocerte y a saber que existes en este campo?

T.: Gracias a Roberto Ramos. Un día le escribí por Facebook y le dije: “Mira yo soy tu súper fan”. Es que me di cuenta que este mundo de fotografía de boda al cual siempre he mirado de una manera despectiva -como todos- ha cambiado. Y esta peña lleva un estilo de vida de puta madre porque trabaja a tope una temporada y en la otra se dedica de hacer workshops, a viajar, a compartir entre ellos.

D.: Acabas de estar en un workshop en Rioja en Corera.

T.: Ah! maravilloso. He estado con los mejores fotógrafos de boda de España o por lo menos con un grupo de ellos, porque la verdad es que hay muchos. Lo que más me gustó es cómo esta peña, que son competencia, son capaces de ser amigos todos. Son de diferentes partes de España pero se conocen y se llaman, se piden consejos, se sientan juntos para enseñar cómo editan las fotos.

D.: Es una comunidad.

T.: Es una comunidad y me pareció tan bonito que mira, se me pone la piel de gallina. Hay pocas profesiones donde la competencia está tan unida.

D.: ¿Con qué más se te pone la piel de gallina? ¿Qué pasiones tienes en la vida?

T.: El amor, yo creo en el amor. No creo que necesariamente sea eterno, creo que es temporal pero yo soy una lover y me encanta enamorarme.

D.: Pues ahora estás rodeada de historias de amor.

T.: Sí, aunque no me las creo todas. Pero yo hago mis vídeos y en ellos siempre parece que se aman.

D.: ¿Qué lees?

T.: Últimamente leo muy poco. A mí la lectura me da mucho sueño, me ha pasado toda la vida. Me gusta leer pero me da mucho sueño, entonces me pasa que empiezo a leer un libro y me duermo y luego el otro día tengo que leer tres páginas para atrás y me vuelvo a dormir. Me puedo pasar un mes en las primeras tres paginas. Tuve mi época de mucha lectura, pero he perdido la costumbre y ahora leo más relatos cortos, revistas, artículos.

D.: ¿Escoges autores contemporáneos o eres más clásica?

T.: Soy muy contemporánea, en el cine y en todo.

D.: Hablando de cine ¿qué ves?

T.: No me preguntes esto que últimamente he visto menos cine que nunca. También soy muy pirata, me veo el cine on-line. Vi hace poco una película, creo que era polaca, no me acuerdo el nombre. A mí de verdad me gustan las películas entretenidas, las muy artísticas y rebuscadas no, lo siento soy terrenal. Mi nuevo cine se llama Vimeo.

D.: Y de viajes ¿dónde sueles esconderte?

T.: Viajo mucho menos de lo que me gustaría. De hecho este trabajo nuevo espero que me permite viajar más. Porque cuando tenía tiempo no tenía dinero y cuando he tenido dinero no he tenido tiempo. Y ahora espero viajar más. Uno de mis sueños al venir a Europa era viajar. Porque yo soy de una isla donde para salir tienes que coger un avión y en mi país es muy caro viajar. Te haces un viaje el año que está súper planeado. Y aquí la gente decide ir a Paris por ejemplo, de un día a otro. Me cuesta todavía ver los viajes con esta facilidad y en realidad estamos en nada, un avión, dos horas y estás allí donde quieras. Me falta mucho. Quiero ir a Asia y aunque soy del Caribe y es parecido, porque es súper tropical, culturalmente es otra cosa.

D.: ¿Tus referentes de arte contemporáneo?

T.: Lamentablemente consumo muy poco arte. Pero me gusta mucho la fotografía y hay un par de fotógrafos contemporáneos que me molan mucho, recientemente he descubierto a uno que es muy popular, y es que hace unos fotones que flipas, se llama Ryan Muirhead, americano. Tengo que decir que el Instagram, aunque parezca una red social chorra, si sabes usarla, descubres maravillas. Yo soy muy de Instagram.

D.: ¿Qué te parece el local Ocaña?

T.: Maravilloso. Me parece la representación más clara de Barcelona hecha local. Yo voy al Ocaña y me encuentro a la pareja güiri pija que ha caído allí y está encantada con todo este eclecticismo, pero luego te llega el yonki de la Plaza Real de toda la vida y eso me encanta. También hay artistas, diseñadores…Luego te encuentras a Dessislava que es esta mujer tan maravillosa y que te atrae y luego los chicos en la puerta, Abel y Manuel que son maravillosos. Ocaña es Barcelona hecha en bar. Y voy menos de lo que me gustaría.