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Josep-María Martín. Una pieza exquisita que reluce nobleza.

Josep-María Martín es una obra de arte viviente. Es el domador de malas energías, el creador de la bondad. Es la generosidad en persona. Yo le observo y simplemente aprendo, estudio y le admiro. La grandeza de su corazón supera todos los superficies del Universo. Es artista de profesión y de manera de vivir la vida. Sus piezas artísticas demuestran su profunda inteligencia y sensibilidad. Yo creo que es la persona a través de la cual más me he inspirado hasta este momento de mi vida. Me fascina su forma de ser. Un gran bohemio que baila cada noche con la tentación pero sabe no vestirla de novia. Yo Dessislava os presento Josep-María Martín. Dessislava.: ¿Quién es Josep-María Martín? Si tuvieses que autodescribirte, ¿cómo lo harías?

Josep-María Martín: Soy básicamente una persona con inquietudes, empática, creo que soy generoso, una persona que cree que la forma de avanzar es cuestionando, teniendo una actitud crítica delante de la vida para llegar a otros lugares a partir de la cuestión y con cosas no tan buenas que tienes que descubrir.

D.: Hablando de lugares. Tú has nacido en Ceuta…

J-MM: Hace muchos años…

D.: Tampoco tantos. ¿Cómo viniste a Cataluña? ¿Cómo era el niño Josep?

J-MM: Ay, qué pregunta. Con doce años llegué a Catalunya con mi familia que decidió venirse de Ceuta a Barcelona por cuestiones económicas. Entre otras cosas mis padres pensaron que el futuro en Ceuta era muy limitado y que aquí tendríamos un mejor porvenir. Al principio fue muy duro. Siempre me acuerdo de que cuando vine estuve durante muchos años con un montoncito de arena que cogí allí en el bolsillo. Y fui un chico melancólico hasta que un día “pluf”.

D.: ¿Qué pasó después de esta explosión interna con Josep?

J-MM: Pasó que muté y empecé a estudiar como todos los chicos, formación básica del instituto. Después decidí estudiar Bellas Artes, una cosa muy nueva en mi familia, nunca nadie había hecho nada relacionado con el arte, aunque mi abuelo tocaba el saxofón, el resto nada que ver con el arte. Antes de empezar a estudiar fui a todos los centros de formación de arte en Barcelona para ver dónde me sentía mejor. Me di cuenta que para mí, en aquel momento, los que hacían un trabajo más libre y potente era la Escuela Massana y decidí estudiar allí. Acabé con un diploma de excelente.

D.: Acabo de ver unos de tus trabajos iniciales y estoy impactada.

J-MM: Yo era un personaje raro… jeje.

D.: Trabajabas sobre la identidad…

J-MM: …con el cuerpo… Estudié pintura porque me di cuenta que los pintores se atrevían a trabajar con más medios que los escultores que estaban más encerrados en el volumen. Yo antes de empezar a estudiar hacía instalaciones en mi casa y pensé que hacer pintura me iba a permitir experimentar más medios y acercarme hacia donde yo intuía. Fui un estudiante malo en el sentido que nunca iba a clases, cuando iba montaba un espectáculo y me iba, pero acabé con muy buena nota. Siempre me tomé el arte muy en serio. Luego me fui a estudiar a Grenoble, Francia. Hice Bellas Artes allí también y fue un gran descubrimiento encontrar a otra gente que hacía propuestas parecidas a las mías.

D.: ¿Qué era la obra que hacías en esta época y cómo evolucionó?

J-MM: Creo que en la obra que hago se nota mi vida. Mi forma de trabajar es muy cercana al procedimiento pictórico, es decir el énfasis que pongo en la construcción de la pieza, o sea el proceso. Siempre el proceso ha sido fundamental. La obra que hacía antes…era una obra… pasional, muy pasional, como siempre, lleno de preguntas y curiosidad. Pintaba pero para mí las instalaciones eran lo que más me interesaba hacer. El cuerpo, la medida de todo… lo que somos. Los procesos constructivos, la conceptualización de las ideas y donde la materia es muy importante y también los símbolos…Es decir que era mucho más evidente que ahora que mi trabajo tenía un carácter simbólico y pienso y soy consciente que es muy complejo lo que hago… Es un trabajo donde se produce eso que me parece tan interesante que es entrar y salir del espejo, que te pones delante y detrás. Soy y somos subjetivos e intersubjetivos. Ficción, realidad, reflejo. Todo eso me interesa mucho. Para mí, quien lo mira rápidamente podría entenderlo como un trabajo social, que también lo es, aunque realmente lo que yo estoy trabajando, como creo que hacemos todos los artista, es el conocimiento, los patrones arquetípicos simbólicos. Lo que pasa es que la materia que utilizo es diferente de la que usan mis dos referentes más consciente que son referentes muy clásicos en este sentido.

D.: ¿Cuáles son tus referentes?

J-MM: Antoni Tàpies y Joseph Beuys. Los dos tienen un trabajo social y político. Trabajan con la materia, con lo simbólico, con los patrones arquetípicos. Uno sin tener un carácter performativo y el otro sí. Yo me siento heredero de ellos… Lo que pasa es que creo que voy a otro lugar donde las cosas giran… vivimos en un momento de gran complejidad de la precesión y eso también afecta a que las propuestas artísticas, se vuelven más complejas… Tiene que ver con entender el espacio a partir de la experiencia de los nuevos medios, de las capas de la realidad, de la ficción, de todo este mundo del que no sabemos lo que es de real o irreal. Donde todo se vuelve muy complejo de toda la información…donde parece que estamos en varios espacios en el mismo momento y tenemos que posicionarnos… tener una actitud activa…estar, existir.

D.: ¿Te sientes comprendido?

J-MM: No. Yo creo que muy poca gente entiende mi trabajo. Porque se quedan en la primera lectura de una apariencia social. Cuando esto para mí es como una especie de pequeñas trampas para que vayan más lejos. Para superar la apariencia… para ser consciente de que siempre hay algo más allá de lo que parece.

D.: Esto suena relacionado con lo que me dijiste de que te interesa trabajar con la idea de diferentes capas.

J-MM: Sí. Me interesa mucho… Me interesa muchísimo. Porque creo que estamos y vivimos en una sociedad compleja y me interesa mucho la complejidad. Y me interesa mucho que se pueda llegar hasta la capa que la persona que lo ve quiera. Es decir, que siempre hay más si se quiere.

D.: ¿Cómo escoge el artista Josep-María Martín los temas que cuestiona? ¿Es cuestión de pasión o es autorreferencial?

J-MM: Creo que no existe una obra que no tenga un carácter subjetivo y en la que trabajemos a partir de nosotros… tematizamos… cuestionamos… proponemos, creamos intersubjetividades. Y además creo que lo que siempre ha estado en mi trabajo es el tema de la alteridad (la otredad), el otro. El encuentro con el otro…Qué pasa con el mí y el otro y el otro con el mí… estar encerrado y abrirse. Salir de “la cueva de Platón”, encerrado en un mundo cerrado y abrirse al mundo…Es decir qué parábola se produce en todo eso. Y eso está entre el uno y lo otro… Y eso siempre está en mi trabajo. Pero luego hay preguntas concretas que van apareciendo. Mi trabajo siempre tiene un carácter horizontal. Siempre trato con temas que tienen que ver con cuestiones fundamentales en la vida. La negociación, la empatía, como vivimos, los emociones…Son cosas como muy grandes pero no por ello que no tengamos que poder trabajar.

D.: Como lo que hiciste con tu última obra que realizaste en Chile durante el verano pasado. ¿Me puedes contar qué era la pieza?

J-MM: Es un poco compleja… Es una pieza sobre la alteridad a partir de los cuarenta años del golpe de estado del Pinochet al Gobierno de Salvador Allende en una exposición sobre “Ciudadanía y territorio” en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende. Realicé una profunda investigación en Santiago de Chile… una de las características de mi trabajo es que manejo mucha información…hago muchas entrevistas, las grabo y filmo. Tengo más de quinientas horas grabadas a gente muy diversa, desde personalidades a personas que tienen una vida más sencilla y que tiene una opinión sobre el tema que voy a trabajar…a partir de esta información, la proceso y propongo un proyecto que luego se convierte en una pieza… Siempre hay tres partes muy marcadas. Primero una idea, una pregunta, una investigación. Segundo se convierte en un proyecto y tercero en una propuesta de obra artística… Este proceso me llevó en este caso a una casa de tortura, vecina, puerta con puerta con el Museo de la Solidaridad Salvador Allende…

Dicen que hay un fenómeno que se produce cuando una persona se siente diferente a la mayoría hace que se sienta un monstruo…“la alteridad y la monstruosidad”… Propuse a un grupo de hombres y mujeres de una asociación que se llama “Mujeres Diversas”, que militan por la diversidad sexual, que trabajáramos juntos sobre este tema y aceptaron…Me parece que sentimiento de monstruosidad del que se siente diferente de alguna manera provoca una auto tortura producida por no sentirse reconocido en el otro… y que confrontarla con la tortura que produce la diferencia social, política…institucionalizada desde la sociedad, las torturas que ejercen los políticos… el individuo, la subjetividad… la intersubjetividad… Creo que hemos hecho una pieza de una vivencia muy fuerte, en la que  trasladamos parte de la casa de la tortura al museo…las experiencias personales, colectivas… Una metáfora sobre como la diferencia… de organizar el mundo que impuso el dictador Pinochet el Chile, produjo un gran dolor, dictando una manera y no aceptando la diferencia como una forma de convivencia. Me interesa trabajar sobre un espacio, un tiempo y un contexto concreto porque yo creo que no hay posibilidad de hacer un proyecto artístico si no es a partir de un contexto concreto.

D.: Es el tema del contexto de que estábamos hablando…

J-MM: El contexto siempre. El contexto yo creo que nos marca un territorio a partir del cual nos posicionamos. Pero no nos posicionamos para el contexto sino desde el contexto. Es decir yo soy un individuo que estoy en un contexto y a partir de allí implico a otros individuos que también están en el contexto e intentamos encontrar una intersubjetividad. Y en esa intersubjetividad al mismo tiempo aparecen ecos, reflejos donde todo eso se mezcla y se hace muy complejo y crea como una especie de relatividad de Einstein… teoría de la relatividad. Donde uno no sabe realmente dónde está el origen y dónde está el fin. Y eso me parece muy interesante. Sobre todo porque al final el lector de esta pieza va a hacerlo desde una perspectiva de su propio background y desde su propia forma de ver las cosas.

D.: Aparte de que eres un artista extremadamente interesante y creo que nuestros lectores después de la entrevista tienen que investigar más sobre tu obra, te dedicas a la docencia hace muchos años. ¿Cómo empezaste?

J-MM: Empecé haciendo una parte de un proyecto mío que se llama Milutown y empecé en Perpiñán, que me invitaron. A partir de allí me di cuenta de que yo tenía cierta sensibilidad y habilidad para hacerlo. Después de este workshop me propusierone si quería ser profesor ¡y todavía sigo! Es algo que me interesa mucho. Luego he estado diez años trabajando en la Head, en la Universidad de Ginebra… sobre la performance o piezas de arte con procesos de creación tienen que ver con el cuerpo, también me ha parecido muy interesante. He hecho muchas experiencias workshop, conferencias y me gusta mucho hacerlo. Me parece que casi que tendría que ser como una especie de cosa que deberíamos hacer todos los artistas y los creadores en algún momento, compartir con la sociedad nuestro punto de vista. Es igual que cuando yo era más joven pensaba, aun lo sigo pensando, que en algún momento el artista tiene que comprometerse con su medio y yo por ejemplo fui durante cuatro años representante de la Asociación de artistas. Me parece que durante una época de tu vida tienes que hacer como estos servicios a la sociedad. Porque aprendes y porque también hace de que los otros pueden entender tu implicación y haber como una devolución. No sé si me explico bien.

D.: Sí, sí.

J-MM: Es un ir y venir. Me parece importante.

D.: ¿Cuáles son las diferencias en la manera de pensar entre tus estudiantes de Ginebra y Perpiñán? ¿Hay algunas tendencias claramente desarrolladas en las dos locaciones?

J-MM: Sí. Es diferente Ginebra de Perpiñán. Yo creo que Perpiñán es una escuela mucho más libre, es una escuela donde hay una búsqueda de una verdad humana. Hay un humanismo que aparece allí que me gusta mucho. Y en Ginebra creo que están más focalizados en el mercado y hacia el arte más relacionado con el poder económico y en Perpiñán a lo mejor están más enfocados hacía la vida, como dice Robert Filliou: “El arte es aquello que hace la vida más interesante que el arte.”Y yo creo que Perpiñán sería más tipo Robert Filliou y en Ginebra son más del arte de galería… En los dos casos yo he intentado dar lo mejor. Para mí ha sido mucho más fácil y me he sentido más comprendido en Perpiñán que en Ginebra, porque en Ginebra creo que tienen una metodología más clásica. Para mí la formación artística tiene que ver con descubrir cuál es la área de trabajo que uno quiere hacer e intentar, a partir de ese área que nace desde las propias inquietudes, ponerla a distancia, tematizarla y ser capaz de, a partir de esta tematización, construir un lenguaje. No creo que exista una obra de arte que no parta de lo subjetivo para crear lo que a mí me interesa, que es la intersubjetividad.

D.: También eres alguien que ha viajado muchísimo.

J-MM: He viajado mucho, es verdad. Y yo creo que 90% de mis obras han estado creadas fuera de España. Tengo la sensación de que aquí me entienden mucho menos que fuera, a pesar de que afuera hablan otros idiomas. Igual el tipo de trabajo que yo hago no está ligado a un contexto político o una tierra. Sería difícil de decir que reconocen mi trabajo como un trabajo catalán o español… Igual tiene que ver con que soy de una familia muy mixta, no sé…

D.: ¿Cuáles son tus referentes en el mundo de cine? ¿Qué cine frecuentas en Barcelona?

J-MM: El cine me gusta mucho porque en general me gusta la imagen en movimiento. Me gusta que me cuenten historias. Me gusta que me sorprendan. Me encanta. Me gusta sentir que están y estoy experimentando. Me gusta lo bello, la estética de una imagen que se mueve. Me encanta ver que en el cine, cuando uno entra, en general va a un lugar sin perjuicios. Esa caja negra te invita a un viaje, es como si entraras en un tren. Y haces el viaje. Yo creo que esa experiencia tan limpia no la tenemos cuando entramos en un museo. En el cubo blanco por ejemplo a uno le da la sensación de que las paredes te dicen: “eso parece Tàpies, eso es no sé quién…, etc”. Y en el cine no tienes esa sensación. Somos más libres en el cine. También con la democratización que ha habido en el cine con la aparición de las nuevas cámaras y con eso de que puedes hacer cine con tu propio teléfono me parece que ha habido un “boom”. Y ahora lo importante no es con qué lo haces sino qué ideas tienes y qué haces. Eso me parece que es muy interesante y potente.

D.: ¿Qué más te apasiona?

J-MM: También me gusta mucho la danza contemporánea, el teatro, la arquitectura, cocinar. Me gustan muchas cosas.

D.: ¿Qué es el amor para ti?

J-MM: El amor es un sentimiento donde uno recibe de lo que es capaz de dar. Y cuando recibes esto te sientes más fuerte. Alguien me explicaba que el amor y la pareja es como si dos manos se unieran. Y entonces están tan bien unidas que cuando uno aprieta para un lado, el otro aprieta para el otro lado. Es decir que eso te produce la sensación de que hay alguien que te empuja en tu espalda, que te apoya y te apoyas.

D.: El otro día vi “Sacrificio” de Tarkovsky, allí dicen: “En el amor siempre uno ama más que el otro. Y este que ama más que el otro no cuenta.”

J-MM: Pero me parece que en el amor realmente es erróneo pensar quién está amando más que quién. Yo creo que no es cuestión de cantidad sino de que cada uno ama lo que puede y lo que quiere y lo que se permite. Es mucho más complejo que poner una báscula. D.: Suenas como una persona muy tolerante…

J-MM: Yo soy intolerante con la intolerancia. Con la gente que impone algo soy muy intolerante. Cuando alguien es violento, se tiene que ser muy intolerante. Se tiene que ser intolerante contra la violencia, contra la falta de respeto, contra imponer unas ideas, contra machacar a alguien, contra aprovecharte de alguien.

D.: ¿Qué te parece la gente que vive en las periferias?

J-MM: Es cierto que si existe centro también existe periferia. Yo en la periferia he encontrado gente muchísimo más interesante. Gente que vive la vida desde la vida. Y que la vive con pasión y la pasión quiere decir urgencia. Y que la vive intensamente. Y eso a mí me parece muy interesante.

D.: Hablando de lugares, ¿existe un sitio donde te encuentras en paz?

J-MM.: En mi casa. Para mí mi casa es un lugar muy especial. Yo creo que he ido construyendo poquito a poquito una especie de oasis o de paraíso para mí. Que comparto, tú lo conoces. Mi casa es una casa abierta a mucha gente. Era un antiguo burdel. Y no hay nada banal, cuando decimos que vamos a comer nadie duda que vamos a comer en mi casa.

D.: También en tu casa ha vivido Jean Genet.

J-MM: Sí, una vecina mía me dijo que había habido un poeta que se llamaba Jean Genet que vivía aquí. Y yo conocía a Jean Genet e hice una pieza en el año 86 en Tokio a partir de su película “Un chant d’amour”. “A través de la pared” se llamó mi exposición. Y llegar aquí y que me digan que aquí había vivido…Burdel lo puedo constatar porque todavía las puertas tienen los números de las habitaciones. Y al decirme que ha vivido Jean Genet siendo un poeta como es marginal, me parece interesantísimo. La película “Un chant d’amour” también te habla de la alteridad y del otro. Ese muro que separa y une. A mí me parece muy interesante la gente que decide vivir una vida diferente porque en esa diferencia… esa diferencia puede hacer que te sientas como un monstruo, como en el patito feo que se vuelve cisne. Porque en esa diferencia a lo largo de la vida es lo que te va haciendo una persona genuina. Si alguien tiene opción a convertirse en algo muy potente en el mundo es la gente que pasa de ser diferente a ser referente. Yo creo que es lo más que podemos llegar en la vida.

D.: Hablamos de diferentes y yo vengo de parte de Ocaña, ¿qué es Ocaña para ti?

J-MM: Ocaña es una persona que antes era un personaje y que tuve la suerte una vez de estar en la Plaza del Pi y que me regalara un clavel…. Él siempre iba regalando flores a la gente y a mí me tocó un día. Y después que he podido informarme más, me parece una persona del tipo de gente que yo admiro, que son capaces de construir un mundo personal, pero con la paradoja y la dificultad de no ser reconocido en la  sociedad y que si no te reconoce, uno se siente fuera del sistema y solo. En la película Ocaña, retrato intermitente de Ventura Pons nos muestra una dimensión humana y muy inteligente de él. Ventura Pons hace una película brillante, inteligente, muy hermosa y generosa. Yo creo que Ocaña es un artista que trabaja sobre el cliché del folclor, pero es un tema muy complejo hacernos ir a otro lugar. Creo que era difícil que la sociedad en aquel momento lo entendiera y que entendiera su obra porque solamente le veía como un folclor. García Lorca consiguió hacer eso tan difícil que es hacer, con un lenguaje folclórico, una obra personal y trascendente.

D.: ¿Qué te parece el local Ocaña?

J-MM: Me gusta mucho, como está decorado. Hace poco vi la película de Studio 54 y me parece que hay una similitud con Ocaña… un mundo que busca libertad, un mundo de diversidad, un mundo de permisividad, una manera de expresión fresca e irónica de una parte de la sociedad…. Creo que Ocaña lo hacéis las personas que sois Ocaña. Como en la película de Studio 54 hay un líder allí. Yo creo que Ocaña no sería lo que es sin ti…por ejemplo.