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Jaume Masdevall. El niño prodigio.

Cuando yo Dessislava conocí a Jaume Masdevall, el mismo vino a Ocaña con trece o quince modelos, todas guapísimas. Jamás había visto un casting similar. En esta época trabajaba con Ramon Salas y me acuerdo y que los dos nos quedamos con boca abierta. Enseguida nos damos cuenta que queremos saber  más de este chico que iba acompañado con un grupo de femmes de metro ochenta. A lo largo del tiempo nos hicimos grandes amigos hasta me quité la ropa delante de la cámara de este joven que busca el equilibrio entre la biomedicina y el arte. La fotografía con mi pecho desnudo se la compró su padre. Bienvenidos al mundo de Jaume Masdevall.

Dessislava: ¿Quién es Jaume Masdevall? si tuvieses que autodescribirte ¿cómo lo harías?

Jaume: Como un jovencito inquieto con ganas de viajar, con un pequeño misántropo creciendo ya dentro de mí.

D.: ¿Qué estás estudiando Jaume?

J.: Estoy estudiando ciencias biomédicas pero tengo un ramalazo artístico también. Me gusta mucho la fotografía, he ido haciendo proyectos en los últimos años, Berlín también me ha expandido un poco.

D.: Acabas de volver de allí. ¿Cómo te pareció la ciudad de Berlín?

J.: Podría hablarte mucho rato de Berlín. Te podría decir que es París de los años 20, el Londres de los 70, el Nueva York de los 80. La particularidad que tiene Berlín es que hasta hace poco más de veinte años todavía seguía habiendo esa contradicción entre el sistema del comunismo y el sistema del capitalismo. Y al día de hoy se sigue respirando, sobretodo en el sector este de Berlín. Es un sector que atrae mucho a gente de todo el mundo precisamente por eso. Porque viviendo dentro de un sistema tan capitalista, todavía puedes respirar esa especie de ‘esperanza’ (muy bien reflejada en la película de Good Bye Lenin!), generada por ese mundo que en teoría es el que todos quieren. Huyen a este pequeño refugio donde sigue habiendo un espíritu donde no todo lo que importa es el dinero, donde siguen habiendo unos valores que crean una pequeña utopía dentro del mundo en que vivimos.

D.: ¿Qué cambió en ti Berlín? ¿Te sientes más soñador?, hablándome de refugio del mundo capitalista del que desgraciadamente nos alimentamos día a día…

J.: Exacto y no me estoy refiriendo que se viva el comunismo, no me malinterpretes, además el comunismo tampoco creo que sea un sistema que funcione. El sistema utópico, para mí, sería un capitalismo bien entendido, un capitalismo con consciencia social, un capitalismo distinto. Y en Berlín se respira ese “concepto” en el aire y es donde los soñadores que viven en la utopía que la humanidad todavía tiene esperanza se encuentran. Es núcleo de artistas, porque ademas Berlín es una ciudad pobre, que te permite vivir con muy poco dinero si quieres, tener un mini-job y crear, pocas grandes metrópolis lo permiten. Berlín te da muchas opciones, también hay un Berlín para todos. Hay el Berlín de la jet set y también existe el Berlín, a mi parecer, más auténtico, que sigue en esa fusión con la esperanza de que las cosas todavía pueden ir bien. Ahora la especulación en los alquileres está arrasando en Berlín porque se ha vuelto trend city. Pero te encuentras personas que pudiendo alquilar su piso por 700 euros, lo alquilan por un precio inferior porque va en contra de sus principios. Y yo mismo me planteo si sería capaz de hacer esto. En el mundo en que vivimos el dinero es algo que, por mucho que todos estemos en contra de este sistema, para vivir en él es necesario.

D.: ¿Con qué tipo de gente empezaste amistad en Berlín?

J.: No me considero meticuloso en cuanto a elegir amistades, la vida me brinda todo tipo de gente, y les recibo con los brazos abiertos. La mayoría de amigos nuevos que he hecho son gente joven de espíritu, son gente a quien les gusta viajar y que pertenecen a esta nueva generación de “ciudadanos del mundo”. Gente interesada por el arte, gente interesada por las personas, gente que no se mira solo su ombligo. Aunque también tengo que decirte que he conocido muchos “esclavos” del sistema que solo quieren más, más y más!

D.: En Berlín te fuiste con una beca Erasmus.

J.: Sí, correcto. Terminé las asignaturas obligatorias de la carrera del año pasado para poder hacer optativas enfocadas a la especialidad que me gusta.

D.: ¿Cómo te pareció la enseñanza universitaria  alemana comparada con ésta en España?

J.: La universidad no solo a nivel de docencia sino de nivel de organización está mucho mejor. También tengo que decir que estaba haciendo asignaturas de máster por lo que he estado con otro tipo de programa que es distinto de las asignaturas de grado.  En general ves que los profesores se interesan por ti. Las clases son más largas pero hay mucha discusión en medio no es que se da el tema, hay cuatro dudas y te vas. El profesor está allí, hace bromas, discutimos, se le aplaude. Yo cuando llegué fue algo que me chocó.

D.: ¿Se aplaude el profesor después de cada clase?

J.: Sí, después de cada clase se le aplaude.

D.: Es como un espectáculo, una performance.

J.: Yo he tenido suerte también con los profesores, me han dicho. En general también, Hice un curso de alemán de integración para los estudiantes de Erasmus y ves que en general el perfil del profesor es un profesor que está allí porque le gusta estar allí. No es como estos profesores que están aquí porque si están dando docencia pueden investigar. Lo que no quiere decir que en España no hay profesores que lo están haciendo por vocación, sí que hay. Pero el sistema alemán es un sistema que funciona mejor a nivel de docencia, y a nivel de organización ya ni te cuento. Solo de llegar teníamos explicados todos los procedimientos burocráticos en orden y con una oficina para consultas. Todo súper bien especificado, muy bien explicado y especial recibimiento para los alumnos de Erasmus.

D.: Ahora te vas a Canadá.

J.: Sí, ahora me voy a Canadá para hacer el proyecto al final de la carrera.

D.: ¿Por qué elegiste Canadá?

J.: Porque estuve mirando centros de investigación en los que se estuvieran desarrollando estudios bioinformáticos. Es una nueva disciplina ha nacido y crecido últimamente y que está ganando mucha fuerza porque además es una herramienta de múltiples usos hoy en día. Y en medicina hoy, las tecnologías han avanzado tanto que de los experimentos se sacan cantidades ingentes de información que la mente humana no es capaz de asimilar e interpretar, y la bioinformática es una herramienta muy útil en este aspecto, por lo que está en auge.

D.: ¿Cómo ves el Jaume entre sus vocaciones artísticas y la biomedicina?

J.: Si te tengo que decir la verdad…

D.: Sí, por favor…

J.: Esto ha sido algo que me ha estado torturando constantemente porque sigo avanzando en el perfil de estudios biomedicina porque es algo que me interesa, que desarrolla una parte de mí que me gusta, pero también tengo una necesidad de sacar cosas de dentro. El continuo desarrollo creativo a través de la escritura, la fotografía, mis proyectos…

D.: Yo he sido modelo de una sesión de fotos que organizaste tú y lo hiciste muy bien…

J.: ¿Qué te voy a contar?, tú también eres artista. Cuando estás haciendo tus proyectos, súper bien, y a la que terminas y pasan dos días dices ¿qué es esta puta mierda?…y qué vergüenza por haber hecho una exposición con estas fotos. Artísticamente también vas evolucionando. Por ejemplo, la exposición que hice en Ocaña puedo considerar que fue un éxito, vino mucha gente, vendí fotos, me gustó mucho. Ahora cuando analizo la obra sigo leyendo el simbolismo que hay detrás que está trabajado, la forma también es bonita, pero pasable, no hay nada nuevo. Pero en el artista siempre hay un dilema que es encontrar la frontera entre el arte que haces para ti y el arte que haces para los demás y el arte que va a gustar a los demás. Tienes que encontrar este equilibrio.

D.: El artista es seductor.

J.: Exacto. Te gusta seducir, pero tienes que encontrar el equilibrio en la modestia y no dejarte llevar por los momentos de éxtasis en que tú te crees, estos momentos que el ego se crece, o los momentos opuestos. Ambos son necesarios también para poder llevar a cabo la obra. Pero siempre tienes que aprender hacerlo con modestia, es un equilibrio que cuesta mucho de encontrar. Y cuando consigues la modestia ves que tu obra no vale nada, que caes en la mediocridad y sigues queriendo mejorar. Creo que este es el ciclo, seguir avanzando en tu obra y seguir creando proyectos que vayan a mejor.

D.: ¿Sobre qué tipo de proyectos estás trabajando ahora? Se que colaboras con UY que es la marca de Idan Gilony y Fanny Lawaetz.

J.: De hecho estoy muy contento de haber colaborado con ellos. Sé que habían estado aquí en Barcelona y a través de ti teníamos contacto. Aunque su inspiración, su arte, su forma de ver la vida, entenderla y vivirla no es un estilo de vida que yo esté siguiendo, es un estilo de vida que me atrae mucho y es un estilo de vida con el que comparto muchas cosas. Y me ha hecho ver y crecer en muchos aspectos, entender el concepto que hay detrás de sus diseños. Hemos hecho un par de editoriales en París y en Berlín, lo hemos pasado bien, he aprendido a enfocar en la dirección que buscaban, siempre entre nosotros, en “petit comité”. También hay la finalidad, al fin y al cabo, de tener unas fotos de su colección, pero tener unas fotos que tienen mi nombre no es lo que a mí más me enriquece, es la experiencia junto a ellos.

D.: Estuviste en Paris Fashion Week, ¿qué experiencia ganaste allí?

J.: Estuve en Paris y en Milán porque acompañé un amigo que está en el mundillo y me pudo conseguir acreditaciones. Cuando empecé hacer fotos me gustaban hacer fotos de “beauty”, para portafolios de modelos. Empecé entrar en el mundo del diseño, y me parecía “lo más” algún día poder trabajar como fotógrafo para publicaciones, trabajar como fotógrafo en “fashion week”. Pero cuando he llegado allí he visto que es un mundo de mucha falsedad y no de la forma que había imaginado. Un gran número de personas que he conocido y que trabajan en el mundo de la moda no tienen un criterio artístico propio, sino que básicamente se limitan a repetir lo que leen en Vogue y en cuatro revistas de moda que están consideradas como referentes. Lo repiten con palabras distintas, es como un mundo vacío en que se ha perdido la esencia del arte. En el diseñador claro que existe esa esencia, pero creo en el mundo que se ha creado alrededor de los grandes desfiles y de las fashion weeks es muy superficial, esto ha sido el triunfo del espíritu del consumismo, dinero y “clases”. Se ha metido en algo que en su raíz era puro arte y se ha terminado comercializando. Te puedo decir que puedes tener un diseñador a pie de calle que acaba de empezar y te está haciendo diseños mucho más ricos e inspiradores que los que desfilen en las grandes pasarelas. Es un tema muy delicado de plantear, pero en definitiva me alegro de haber podido ver que he no es lo que quiero hacer, para mí es importante el “feeling” con las personas con las que trabajas, incluso te hablaría de respeto, y no lo he sentido en ese ambiente.

D.: ¿Cuales son tus referentes en mundo del arte contemporáneo? ¿Dónde consumes arte en la ciudad de Barcelona por ejemplo?

J.: Me fascina Yayoi Kusama, que descubrí en el Whitney de NY, entre otros. En CCCB, MACBA. También como que estoy metido en mil historias muchas veces encuentro lo que busco en internet. Si veo un cartel de una exposición que me parece interesante me lo miro por la web y si veo que la obra que vale la pena la voy a ver. A lo mejor es que es porque soy joven…

D.: Sí, tienen veintidós años pero eres un niño prodigio.

J.: No, prodigio no creo.

D.: Que sí!

J.: Para mí tiene igual de importancia el pintor que está terminando Bellas Artes y el que está exponiendo en la mejor galería, también le voy a ver y lo aprecio a mi manera …

D.: Es la gran pregunta en todas las escuelas de arte, ¿qué es el arte? y ¿por qué el tiburón de Damian Hirst se vendió por diez millones de dólares por ejemplo?

J.: Aquí es donde entramos en el concepto de arte, la venta del arte, la imagen que das. Si tú eres artista y quieres vivir de ello no te limitas sólo hacer tu obra, también tienes que saber venderla. El arte que triunfa hoy en día en las grandes galerías, a parte del talento, es el arte que se sabe vender, el arte de los contactos, de conocer gente, de moverte, de hacer que la gente te vea, te conozca y pueda entender tu arte, porque los medios están mucho más al alcance de todos. Y a mí esto es algo que no me interesa. Yo el arte lo hago como algo para mí y el arte es algo que todos llevamos dentro, en forma de un u otro talento, y es algo que todo el mundo puede hacer. Cuando tú le pones el sentimiento ya estás haciendo arte, eso es mi concepto de arte. Esta es mi opinión pero ¿quién soy yo para decir qué es el arte?

D.: ¿Y la libertad?

J.: La libertad es muy zorra si me permites decirlo.

D.: Sí, sí aquí se puede decir todo. (nos reímos)

J. : La libertad es un concepto que suena tan bonito… pero el concepto de libertad en su sentido “bello”, total, no existe. Para tener libertad necesitas responsabilidad, van de la mano. Esta responsabilidad viene de que en este mundo no vives solo. Vivimos en sociedad y cada sociedad se ha decidido organizar de una forma o de otra. Y por mucho que tú tengas tus ideales y siempre creas en esta pequeña utopía que te lleva más lejos, te das cuenta que formas parte de un conjunto, y que ese conjunto sigue unas normas. Te das cuenta de que en el fondo todos somos iguales, de que si estamos organizados como lo estamos aunque el sistema no funcione, es como hemos creído que es mejor. Ahora vemos que, como pasa a lo largo de la historia, el sistema empieza fallar, el sistema se hunde y lo reconvertimos. Puedes ser libre hoy en día, pero lo serás dentro de unos parámetros porque no vives solo. Y aunque a veces los sistemas en que se organiza la sociedad estén mal planteados, la finalidad quieres creer que es la más justa regida por una buena moral, que se ha terminado decidiendo por consenso.

D.: ¿Qué es el tiempo libre en la sociedad contemporánea?

J.: Esto también depende mucho de la persona a la que preguntes. Para mí el tiempo libre es el tiempo en e

l que estoy de relax, de paz, el tiempo que estoy de vacaciones, que estoy en la playa y que no pienso ni en mi trabajo, ni en el arte que genero. Porque siempre dicen que el buen arte es el arte que sale del dolor, cuando creas, sacrificas y te quita mucha energía también. A mí me cuesta mucho decidir, yo lo quiero hacer todo, y claro, terminas con tus energías y necesitas un respiro para tomar aire. Y estos cinco días que acabo de pasar en Ibiza (no en la Ibiza de las fiestas sino Ibiza de campo y playa) han sido cinco días de paz y tranquilidad que necesitaba. Pero también te digo que si de estos cinco días, alargo a un mes, al final terminaría harto de tanto aburrimiento porque necesitaría acción. Y a la que empiezo moverme ya vuelvo a entrar en el círculo vicioso de no parar y de crear por aquí, hacer esto por allá, me sale otra propuesta pues digo que sí y termino con la cabeza al punto de estallar y llegando a la conclusión que uno tiene que elegir.

D.: Jaume, también tienes una estrecha relación con la noche, ¿cómo se lleva Jaume con su lobo estepario que vive dentro de él?

J.: Te tengo que decir que después de Berlín he cambiado bastante el planteamiento. Para mí la noche había sido estos pequeños momentos de libertad, de desahogo, de bailar, de sentir la música y dejarte llevar, estar con amigos, conocer gente ir por allí, por allá y hacer el loco. Pero claro, cuerpo tienes uno y energías limitadas y la noche también te consume mucha energía. Al final siempre tienes que terminar encontrando el equilibrio. He tenido desfase en la noche, me he terminado perdiendo, he terminado dejando de lado mis motivaciones tanto intelectuales como artísticas, que también van muy ligadas. Este es el periodo peligroso en el que puedes perderte. Pero siempre el pequeño Jaume sigue allí y reengancha al seguir viviendo a tope, y haciendo cosas, y luchando… al final lo terminas haciendo por ti. No tienes que dar explicaciones a nadie, la vida al final es tuya. Y el cambio que ha sido Barcelona y Berlín es que aquí en Barcelona había entrado en un círculo de salir de fiesta porque ya era la inercia, pero después me preguntaba ¿qué estás haciendo aquí? tampoco te lo estás pasando bien, se había vuelto una rutina. Y como todas las rutinas terminan ofuscándote. Y Berlín fue un cambio de aires, un nuevo empezar. También era cambiar el concepto de fiesta, volver a salir a pasártelo bien. Aquí en Barcelona hay este sentimiento de quién es más “cool” en todos los sentidos, tanto el pijo que es más pijo que se va a la discoteca más “elite” como el que se va a la discoteca más alternativa para ser el más alternativo. La cultura “hipster” que está mucho de moda en Barcelona. También lo encuentras en Berlín, y en todas partes, pero gracias a este pequeño rincón del “este” en que se encuentra este pequeño sentimiento utópico dentro de este mundo encuentras lugares en los que no importa cómo vayas, no tienes ningún tipo de restricción en la puerta ni por vestimenta, ni por estilo. Lo único que intentan elegir como un criterio de entrada es que seas una persona tolerante ya que vas a entrar en una discoteca donde todo el mundo es completamente libre de ser como realmente es.

D.: ¿Qué sabes de José Pérez Ocaña?

J.: He ido aprendiendo a base de lo que me habéis ido contando y lo que vi al primer aniversario del local Ocaña. En el aniversario se hizo un homenaje a este personaje de Plaza Real. Un artista de la farándula de Barcelona en los años en los que el Raval era ese pequeño núcleo que ahora dirías que es alguna parte del sector este de Berlín. Ocaña era un personaje excéntrico que se paseaba por la plaza como quería y le importaba un pescado. Iba haciendo su obra viviendo como podía, malviviendo. Y siempre estará la duda si fue feliz o no fue feliz, seguro en algunos momentos sí y en otros no, como todos, pero con este espíritu de fiesta, esta esencia de reír y de pasártelo bien.

D.: ¿Cómo te parece el local Ocaña?

J.: La primera vez que fui a Ocaña me enamoró, era cuando abrieron. Luego fui yendo con regularidad.

D.: Es verdad que vienes casi desde la apertura…

J.: Fue un día que estábamos con una amiga y decidimos perdernos por Barcelona para ver qué encontrábamos nuevo. Fuimos a cenar sushi y luego llegamos a la Plaza Real. Vimos este sitio de diseño espectacular (tengo que admitir que soy un poco fetichista en términos de belleza) y a nivel de diseño me chocó mucho, me gustó mucho. Hacía falta algo como Ocaña en Barcelona. Después te conocí a ti, conocí un poco el equipo. Ocaña es un sitio donde va la nueva “bohème” de Barcelona. Pero lo que pasa es que cuando un sitio empieza a tener éxito dentro de los sectores más alternativos y bohemios en el mundo artístico, empieza venir la gente de dinero. Yo he visto que con Ocaña ha pasado esto. Cada vez viene gente más chic, gente que a la primeras hubiera pasado por  Plaza Real, hubiera visto la fauna de Ocaña, Abel y Manuela vestidos de mujeres y hubieron pasado mirando de reojo y hubieran dicho ¿pero esto qué es? Y ahora como que es un sitio “trendy” y “cool” van allí. Es un público que te aporta mucho más dinero, claro, pero cuando empieza venir, hay riesgo de perderse y de terminar vendiendo esta primera esencia de Ocaña.